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¡Ah Fedro!, ¿és eso amor?
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 21 de diciembre de 2004
tpalencia@guate.net.gt

Por supuesto que sí, me dice un gran amigo. Los Diálogos de Platón están vigentes como nunca. Miremos, agrega con fervor. ¿Qué observamos sino unas y otros, viejos o jóvenes, hombres, mujeres, convertidos en una masa rítmica que pone el arbolito y sale a comprar? Sale a comprar, es y... ¡es en masa!.

¿Es eso amor?, ¿es eso paz?, se preguntó este amigo. ¿Es posible aceptar que estos tiempos son de paz y de amor? Dejemos la paz, que es cosa más compleja, me dijo. ¿Miremos cómo suele amar un joven de hoy?

La maravillosa fuerza instintiva que es el amor, vive eclipsada por la moral. Los seres se han separado mucho de sí y su entrega está presionada o intermediada por el dinero, por las cosas, por las apariencias, por formas de trabajo donde el amor también se cansa. El amor se asfixia.

¿Qué diría Fedro a Sócrates en esta época? Te recordás -dijo mi amigo- cuando los dos se alejan de las calles de Grecia, de los gimnasios, para caminar por la ribera del Iliso bajo grandes platanales, curiosos por platicar del discurso de Lisias sobre el amor. Lisias pensaba que era mejor amar a quien no ama, que a quien ama.

Fedro cuenta a Sócrates cada detalle del discurso de Lisias y está feliz por compartirlo. La amistad es mejor que el amor, pensaba Lisias, porque es útil; los amigos obran en su razón, mientras los amantes al ser movidos por la pasión se vuelven volubles, tanto como celosos y egoístas. Sócrates escuchaba silencioso. ¿Quieres ser más virtuoso cada día? Fíate en mí antes que de un amante, era la premisa de Lisias.

A fuerza de juegos -continuó mi amigo- Fedro logró la opinión de Sócrates. ¿Qué es el amor?, se preguntó Sócrates. Que es un deseo, es evidente. Un deseo que nace del gusto instintivo hacia el placer, ya que nuestro otro impulso vital es el gusto reflexivo del bien. El amor es una forma de intemperancia, pensó Sócrates en su primera respuesta... un deseo irracional que sofoca en el alma el gusto del bien. Mientras su pasión dura el amante será funesto y cuando se extinga será un sujeto sin fe.

Callamos. Abro el libro, leo y dice Sócrates: No Fedro, perdona, tu belleza es la culpable de mi auto represión. No hay nada de verdadero en lo que acabo de decir; no, no hay que desdeñar a un amante apasionado y abandonarse sin amor. La amistad no es mejor que el amor, es diferente. ¿Acaso ese delirio, el amor, es un mal?, se preguntó el sabio en este diálogo de Platón.

Terminamos pensando en ese Sócrates que se desdice, que se aleja de su moral y que piensa el amor adentro del alma universal. Sócrates... nos imagina (veámonos en este siglo XXI) como almas que pierden sus alas, como seres cósmicos cuya alma, a fuerza de reminiscencias, nos acerca delirante a la belleza de la creación, al acontecimiento pleno de las revoluciones del universo.

El amor busca esa belleza. El amor, dice Sócrates, es un estado que nos vuelve alados (Eros y el erotismo), pero, ante todo, es un estado que nos permite hacer volar a otros (Pteros, el éxtasis). El amor da alas, es creación, el más grande de los bienes. Y tan pronto es también incierto. Cada ser se acerca al amor según su carácter, dijo Sócrates, ese es el reto de la virtud. El amor no sólo ama, sino también produce belleza.

Ojalá que los patojos, en realidad ojalá que todo el mundo, se detuviera en estas fiestas tradicionales a pensar en el amor, como exhortaba mi amigo.¿Qué reflexiones nos provoca?. ¿Cómo amamos?.

Tenemos las manos, la inteligencia, la imaginación y mucho más para crear amor. No necesitamos marcas para sentirnos amados. Ni restaurantes ni supermercados. Ni musiquita de publicidad.

Y ese es el peligro. Si caminara Fedro por estas calles sin besos, sin la humedad erótica de aquellos tiempos, comprobaría lo que dijo el sabio aquel mediodía entre el río y las cigarras: que el terror mata el amor, el terror de moralinas, el militar, el económico, el sexual.

¡Ah! Fedro, ¿es eso amor?.

Fuente: www.sigloxxi.com


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