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El viejo monstruo
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 1 de febrero de 2005
tpalencia@guate.net.gt

"¿Cómo es que no intentamos ni siquiera eso: quitarnos la máscara?"

Dice el filósofo Gilles Deleuze que para producir un monstruo, poco sirve la pobre receta de exagerar o sobredeterminar al animal. Más vale hacer subir el fondo -advierte- y disolver la forma. Como un cuadro de Goya.

Hacer subir el fondo donde el monstruo habita. Entrar al claroscuro. Eso hacen los años; nos llevan adentro de nuestra oscuridad donde las máscaras tienen arrugas. ¿Cómo es que no intentamos ni siquiera eso: quitarnos la máscara?

Hay que decirlo: como sociedad llevamos una máscara que ya no soporta más. El fondo se mueve efervescente. La máscara es la Democracia, el fondo es la pestilencia del poder público. Lo "ingobernable", dirían los letrados.

Gran monstruo es la pestilencia del poder público. Oscuro y sin forma. Está ahí desde las guerras y aún con la firma de la paz. La violencia, como se ejerce el Gobierno de lo que existe.

Con pavor observo que otra vez el Estado se retuerce. Lo escinden las alianzas que este gobierno está tejiendo, exactamente como en los años 70 y 80. La función judicial del Estado se militariza: la sociedad es enemigo, la función represiva cobra relevancia en la política de seguridad pública. Sabor de contrainsurgencia en ese panfleto apócrifo con la cara del "Che", que alguien tiró del cielo la semana pasada para meter miedo en San Marcos. Allí, en San Marcos, donde está el obispo que militares o ex militares quieren matar.

¿Qué es todo esto? Otra vez como en el pasado se prohíbe manifestar. El jueves de la semana pasada el Estado, no importa quién dio la orden, prohibió manifestar la protesta por la masacre de la Embajada de España, ocurrida hace 25 años. Oficialmente el Estado dijo que no la autorizaba porque era una "manifestación política". ¡Se prohibió por ser política! ¡Vaya Estado de Derecho!

Usted me pone orden y yo pongo el empleo. Esa parece ser la vieja salida del monstruo en la efervescencia guatemalteca. Pero lo peor es que con el gobierno de Berger, ni una ni otra y la pestilencia apesta más. Mientras los policías disparan, Berger y su Congreso y Arzú y su Concejo se hacen los locos con el basurero. Ni siquiera asumen como problema el haber obligado a que mucha gente pague el doble o triple de pasaje con esa disposición a las extraurbanas (y éstas siguen cobrando igual por menos recorrido).

Esa otra cabeza del monstruo escindido, la parte civil oligárquica que conviene con las cúpulas militares, es más grotesca. En menos de un año ya jerarquizó ideas cupulares sin ninguna función social. Un buen ejemplo es la Franja Transversal del Norte, la zona de masacres de la vieja contrainsurgencia. Otro ejemplo es depender de la deuda externa. Otro m*s es disparar el precio del agua. ¡Cómo es que se olvida el origen de la violencia!... al día siguiente la policía reprime.

Seiscientos millones de dólares son anunciados por el Banco Mundial, como préstamos para Guatemala. ¿Acaso no se está negociando un porcentaje de ese dinero para la Franja Transversal del Norte? Esa monstruosidad, la de usar lo público para las grandes élites, es la otra cara del pasado.

Para detener el monstruo, el mismo que saltó incendiando a la Embajada de España, el mismo que conservaba los salarios diarios agrícolas a menos de dos quetzales, hay que subirlo del fondo.

El monstruo debe dejar de estar solapado y cada cuatro años movernos a su antojo. Este movimiento suyo de hoy puede perfectamente provocar que le salga el tiro por la culata. Su retorno es más peligroso. Si en medio de eso no queremos utopías, cada resultado -de esos que se jactan eficientes- debe al menos combatirlo. Si no se combate el corto plazo es más de lo mismo.

Gran monstruo es la pestilencia del poder público. Oscuro y sin forma.

Fuente: www.sigloxxi.com


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