Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Confusiones
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 22 de febrero de 2005
tpalencia@guate.net.gt

En el mediocre ambiente de esta política contemporánea es común observar que las ideas de otra persona se anulan o denigran culpándola de ser ideológica. Antes se mataba al disidente; hoy se le increpa el tener una ideología. ¿Tener una ideología? ¡Hay un espantoso laberinto con este vocablo!

Su primer autor, Destutt de Tracy, usó la palabra para aludir a una teoría de formación de las ideas. Ideología era el conocimiento de la lógica de las ideas.

Con la evolución de los movimientos políticos en el mundo, y con el surgimiento de operativos filosóficos para orientar las adhesiones militantes, se estableció una equivalencia neta entre ideología y doctrina. Se empezó a decir que ideología es aceptar como verdad por autoridad y dominio un conjunto de creencias irracionales. La doctrina nazi o la doctrina marxista-leninista: ideologías. Esa es la idea ahora común.

Por eso es fácil hoy huir de este concepto. Verlo como algo apestoso: es mejor no tener ideología. Al negarla nos iluminamos con el espíritu de la época: la caída de todo dogmatismo. Entonces coincidimos en la libertad. No nos damos cuenta, sin embargo, de que alimentamos una conciencia del mundo, un modo de imaginarlo, pensarlo y vivirlo. Al reducir la ideología al mero dogmatismo dejamos a un lado que construimos ideas de la existencia.

En realidad la costumbre de reducir la ideología a dogma ha sido más bien política que filosófica. Por decir doctrinario o alineado se dice ideológico. Ese es el estilo vulgar del debate político donde se cree que el mundo está dividido en dos: la izquierda o la derecha. ¿Y qué voces son las que más se oyen? Esas que gritan el reino de la libertad de las ideas, mientras acusan de ideológicos a quienes los adversan. La etiqueta la están pegando a los defensores y defensoras de sus derechos.

El caso fundamental es que la humanidad produce ideas y que muy poco pensamos acerca de ellas. La historia muestra que hay muchos sistemas cerrados de ideas, ideologías, y al mismo tiempo hay un ideario dominante, que nos llega a la médula, simbólico e invisible. Ese ideario crea un estado de conciencia que me aterra y no el falso devaneo entre tener o no ideología.

Porque estoy convencida de que es en esa conciencia donde hay que revisar las ideas. En esa conciencia existe una condición particularmente mental que me preocupa, y es que escindimos nuestras ideas entre producir y reproducir, economía y política. La ideología está del lado de la política -se dice-, no en el mercado. Así nos olvidamos del consumo, donde se sintetiza la sobrevivencia. Pero la especie humana es eso, gran consumidora. Y me pregunto cómo convencerme a mí o a usted, acerca de que es tan importante consumir barato como asegurar la calidad de vida.

¿A qué sistema de ideas se acude para convencerme de qué comprar, qué consumir, qué es lo que meto en mi ser? Eso me aterra. Estamos frente a un problema de conciencia en medio de invasión de publicidad e información dirigida en centros imperiales.

Dígame si comprende esta noticia: el Gobierno permite el ingreso de maíz Starlink a Camotán, Chiquimula. Ningún país ha aprobado venderlo para el consumo humano. Aquí entra para los pobres a través del Programa Mundial de Alimentos y de la AID del Gobierno de Estados Unidos. El Starlink lleva adentro un insecticida que puede causar alergias. Es regalado.

¿Qué ideas busco para explicarme eso?

Quizás estamos adentro de una cúpula de ideas invisibles que nos induce al engaño. Confundida, me pregunto si será ideológico pedir que se suspenda de inmediato la oferta de maíz prohibido para consumo humano. Será ideológico exigir que el Congreso regule el comercio de semillas, antes de dar el sí al TLC-USA.

Solemos ser acríticos, muy muy sin ideología, habitantes de la cúpula invisible.

¿Tener una ideología? ¡Hay un espantoso laberinto con este vocablo!

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.