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Curiosidades
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 1 de marzo de 2005
tpalencia@guate.net.gt

Es curioso... todos nos quejamos del Estado (y con el 4 a 0 de Costa Rica algunos quisieran volverlo añicos). Muy curioso, porque pocas décadas atrás la CEPAL y toda América Latina y hasta la leche de la AID gringa o más atrás con la Revolución del 44, el mundo entero quería un Estado saludable. El gran Estado inductor de la economía. El gran benefactor. Llovía dinero del Banco Mundial.

Pero el Estado hoy es una imagen deplorable. Ya no es la época aquella del glorioso Instituto Central, ni del querido Hospital General, ni de la inmortal Escuela Normal. El IGSS sólo es noticia de corrupción. Hoy la mayoría de escuelas públicas son meros centros de reclusión infantil. Los hospitales no tienen agua.

¡Ah!, estas entidades caóticas de los países pobres! Toda su vida a expensas de grandes torbellinos. Y el torbellino mayor siempre ha venido de afuera de la economía mundial. El siglo XX fue testigo de la expansión de redes imperiales, con ayuda de los Estados nacionales, donde la punta del iceberg es el macrocontrol institucional del Estado-Ejército de Estados Unidos. Los Estados se encendieron en flor, y hoy están marchitos frente a su propia obra: un poder mundial superior.

Ese gran poder ya no apuesta a su viejo aliado; otra gran curiosidad. Ahora pretende venderlo. El servicio público es hoy una suculenta atracción financiera. Es tan grande la relación de oferta y demanda de bienes y servicios públicos creada en el mundo, que el Estado se vuelve mercado. Vamos en los países pobres sacudidos por esos huracanes sin haber saboreado lo público.

Razón tiene el doctor Gonzalo de Villa al pensar que existe una crisis de racionalidad. En Guatemala no existe una conjunción de intereses que den un orden, una racionalidad a nuestro futuro. Esa es la tragedia chapina, la de carecer de voces de arriba que se junten con las de abajo (con el agravante de vivir hoy con un no-Estado). Quisiera advertir, sin embargo, que la racionalidad del capital está vivita y coleando. Curiosidad mayor.

La consigna actual es mercadear los bienes y servicios públicos. Esa es la racionalidad dominante, y es vital en Guatemala. Un buen ejemplo es la facilidad como el Congreso de la República levanta y discute la propuesta de Ley General de Concesiones. Una ley perfecta para reglas financieras, pero profundamente incapaz de regular la otra racionalidad, la teórica, la que está escrita en la Constitución: el bien común.

Allí tenemos la curiosidad que nos abre la boca: ese proyecto de ley, así de fácil, sin advertencias de ningún tipo, sin control, sin ningún artículo que vigile la naturaleza pública de un servicio privado, sin ningún artículo que obligue al Estado a la dirección de las políticas de servicios. Allí tenemos una propuesta legal, muy racional que permite con letras claras esa práctica esquizoide de vender el agua, la salud y la educación. El proyecto tiene los ojos en el turismo maya, y es tan grotesco que privatiza también la recuperación ambiental.

La historia social del siglo XX se viene abajo: las sociedades pierden su salario social. El valor agregado de estar juntos, lo gratuito para sobrevivir, se muere. Hoy lo gratis llega atrofiado a los más pobres. El pésimo estado social es de los miserables, el imponente Estado policíaco es para todos por parejo. Entre tanto, en el mundo invisible, la vanidad crece si decimos que vamos a una clínica privada o a colegio. Antes La Aurora era para la chusma, se dice.

Tal es nuestra época. ¿Hay que seguirla como lo hace esa entreguista Ley de Concesiones? ¡No! Si los diputados y diputadas tuvieran algo de decencia, no deberían ser borregos del tufo transnacional.

Los Estados se mueren a favor de un imperio que odia lo público. Ese es el problema y no la muerte de los Estados, el que muera lo público como orden social y sobreviva lo público como orden militar. Curioso, ¿vamos a hordas y perdemos ciudadanía?

La consigna actual es mercadear los bienes y servicios públicos.

Fuente: www.sigloxxi.com


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