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Se puede seguir dudando del TLC
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 22 de marzo de 2005
tpalencia@guate.net.gt

Bueno. Ya estuvo. El TLC-USA es ley. Se intentó, no se pudo, que sí, que no, que ya está, es ley. Lo que iba a ser, es. En una semana, pasado y futuro y varios muertos. Ya estuvo, es ley. A buscar las oportunidades y ¡se me calma el pueblo!, no se olvide de la Policía y su deber nacional.

¿Qué fue toda esa pantomima de democracia?. Se dice que hubo mayoría parlamentaria y punto. Que siga la gente en sus movimientos sociales, haciendo propuestas en las rendijas de lo que se viene y los partidos votando para medio armar todo el andamiaje. Así se verán las esferas públicas flotando en el deleite de la negociación. Es ley.

Y como suele suceder, nadie la conoce. Esa fue la mayor pantomima en todo ese proceso hacia la aprobación del TLC-USA. Un asunto negociado por elites empresariales y políticas desde hace años; siempre cerrado. Toda ciudadanía se ve lastimada cuando un Tratado de tal envergadura se aprueba sin ninguna información del Estado, sin ninguna prevención del Estado y con muertos de por medio.

Es ley y no por ello se convertirá en orden. Porque esta escaramuza mediocre que acabamos de vivir, hace flotar otra vez como pesadillas tres grandes agujeros negros a la chapinlandia:

1). No hay o casi no hay empresarios chapines interesados en desmantelar este Estado patrimonialista, a expensas toda la vida de los cluster configurados. Convivimos con grandes empresarios que dejan la solución de los problemas al tiempo del mercado y no a la necesidad. Un pensamiento empresarial temeroso de sus alianzas y sin ninguna visión de Estado nacional.

Allá en Costa Rica, dado que los partidos y sus líderes sí tienen intereses creados en el Estado, y dado también que su democracia respeta un poco más a la ciudadanía, los grandes empresarios tienen que escuchar; su gobierno y sus negocios no generan tantos conflictos como acá. Aquí, las cúpulas empresariales han cedido poco poder a la ciudadanía.

¿Por qué no hay suficientes escuelas y maestros en el campo?. Venimos de analfabetos, indios y mano barata. Tal vacío es responsabilidad de oficio del grupo que gobierna el Estado (y lo quiere para él); y es también responsabilidad empresarial. Una ingenuidad, una aporía, un agujero negro de nuestra democracia.

3). Todo se deifica al final en el viejo mecanismo de la representación. La mayoría votó en el Congreso: es ley. Igual pasará ahorita cuando se discuta el proyecto de Ley de Concesiones: se repartirá sin ninguna orientación social, la venta de agua, de medicina, de salud, de educación, de inversión turística, extractiva y mucho más. ¿Otra vez la mayoría hará funcionar la legalidad?. Los partidos se vuelven vedettes de cluster, monopolios y trasnacionales y esa avalancha niega la validez de los partidos opositores. Otro agujero. Los partidos votan y tejen su clientela. Los medios de comunicación ayudan a hacer el resto: hacen la ley. Un circo que se repite.

3). Los que protestan están siendo condenados. Hubo muertos en estas protestas. ¡Vaya democracia!. Pero a su vez el liderazgo social, a pesar de su valentía, la izquierda que lo dirige insiste en priorizar su acción de coyuntura y lo hace escogiendo como estrategia única el flotar alrededor de un Estado que no oye y reprime. Un agujerón. Las organizaciones sociales no son responsables de superar la atrofia del Estado, su batalla es hacer reformas para los pobres. No se trata sólo de ser exitoso con la letra muerta de una política, se trata de que la gente, las comunidades, la ciudadanía de los pobres, se pueda ejercer aquí, en la comunidad misma.

Tenemos, entonces, una oligarquía que no cede, partidos que son corruptos y un liderazgo social de días D. El TLC ya es ley, pero lejos está de propiciar gobernabilidad.

Aquí, las cúpulas empresariales han cedido poco poder a la ciudadanía.

Fuente: www.sigloxxi.com


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