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Primera oportunidad: usted
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 29 de marzo de 2005
tpalencia@guate.net.gt

La revista Estrategia & Negocios de marzo pasado publica la opinión de varios expertos acerca de las tendencias favoritas en las bolsas de valores de Centroamérica: la industria farmacéutica, la industria de servicios, los mercados accionarios, la banca y las telecomunicaciones. Así caminan las oportunidades en el panorama del TLC-USA, a ritmo rápido y cupular en la misma vieja y estática especulación financiera.

Vamos a ver si cambia...

Entre tanto, ¿buscamos una oportunidad más incluyente?, ¿una posible ocasión favorable en los nuevos territorios para mucha, mucha gente?.

Una y la primera oportunidad es usted. Soy yo. Es decir, usted y yo, toda la gente, a todo el mundo le es oportuno ser consumidor. Oportunidad de valorarse en la condición de seres consumos, finitos. Comprar, pedir, pagar o robar, deglutir y desechar. La multitud consume. Diosa de su misma esclavitud.

Las masas de consumo son el principio de aprobación de los TLC; todas las masas de consumo, no sólo de cosas, también de oxígeno, trabajo, dinero y símbolos. Un TLC es un sistema de consumo.

Un sistema que compra, gasta o consume trabajo barato; desemplea o malemplea en el Norte y elige países en donde ahorran en salarios, impuestos y obligaciones sociales, aunque exijan más gasto de energía y similares competencias. Un sistema que masifica el consumo de crédito, al tiempo que concentra hacia el alza las rentas especulativas. Un sistema que desata el consumo de alimentos chatarra y vende la vida genética.

Esta condición nuestra de ser consumidores es de gran importancia. ¿Habrán cambios oportunos?. Quizás sí, quizás las cosas, si no trágicas, presentan oportunidades en dos direcciones: 1. La de re-visar la condición consumidora, repensar el engranaje del trabajo, de lo que es útil, de lo necesario; y 2. La del acto político: deben existir marcos legales e institucionales para proteger al consumidor.

La búsqueda para satisfacer el propio interés beneficiaría a toda la sociedad y estaría limitada por el propio interés del prójimo, dijo Adam Smith, al pensar en el libre mercado, una idea que bien podría discutirse en la primera oportunidad estratégica: ¿cómo riñen en Guatemala los intereses de consumo?.

En la segunda oportunidad hay muchas cosas urgentes. Informarse, exigir información. ¿No trae fecha de vencimiento?... dude, no compre y denuncie. ¿No declara los ingredientes?... ¿incluye sustancias tóxicas?... ¿No registran control de calidad?, ¿se encuentran en descomposición?...

¿Compro algo aquí de la Monsanto si sé que es llevada a juicio por vender leche contaminada?...

En casi toda Latinoamérica se expanden estilos abusivos de consumo. El concepto smithiano del "cliente satisfecho" se esconde. Y bien debiéramos preguntarnos cómo es ese flujo simbólico que vuelve veraz el refrán que dice el gusto del público manda, la intrincada seducción donde la necesidad crea la marca y la marca crea la necesidad.

Hablemos de estilos comunes de consumo. Se constriñen los servicios gratuitos y es extrema la desatención en las empresas privadas de servicios básicos. Hay contratos unilaterales sin copia al cliente; alzas constantes de tarifas; altas tasas de interés por mora; impuntualidad en la entrega de productos; "peloteos" para tramitar quejas; políticas abusivas de cobros por mora; precios y pesos diferentes del mismo producto; evasivas y demoras por reclamaciones, firma de vales en blanco, impunidad financiera y publicidad impune, etcétera.

En el consumo ocurre una síntesis de todos los derechos. Estamos frente a una extraordinaria oportunidad: somos los clientes del TLC. Una oportunidad tan oscura -el Estado no es apto para proteger los derechos del consumidor-, como amigable -construyamos otras redes públicas y privadas de producción e intercambio-.

Pongamos atención.

Fuente: www.sigloxxi.com


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