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¿Derecho del trabajo o derecho del empleo?
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 3 de mayo de 2005
tpalencia@guate.net.gt

Tan interesante pregunta la hace el doctor Diego López, profesor de Derecho de la Universidad de Chile, en un ensayo publicado en el número 188 de la Revista Nueva Sociedad.

Algo está pasando en el mundo, dice el doctor López, porque el trabajo pierde su fuerza integradora y le cuesta atribuir derechos de ciudadanía social. El derecho del trabajo -advierte-, nunca nació con el objetivo directo de crear empleos; nació como un pilar de la cohesión social. La preocupación histórica del derecho del trabajo ha sido cautelar la libertad y la dignidad del o la trabajadora, en tanto que estos ofrecen un servicio remunerado que supone una sumisión frente al empleador.

El derecho del trabajo, afirma el profesor chileno, limita la libertad y soberanía patronal. Es un riel de una balanza que en el otro lado otorga al empleador amplios poderes jurídicos para dirigir y disponer del trabajo contratado bajo subordinación. El derecho moderno no ha supuesto, por tanto, la libertad absoluta del mercado de trabajo; parte de tres principios: considerar que el trabajo se realiza por agentes colectivos, reconocer la vulnerabilidad del trabajador y delegar en el Estado las normas para regular el mercado de trabajo.

Pues bien, eso es lo que está cambiando. Se reduce la protección jurídica para la subordinación laboral y el Estado pierde sus funciones reguladoras. La competencia por trabajo es de sobrevivencia individual. Sostiene el profesor que al trabajo se le despoja de sus derechos asociados y se le lanza, como en el retrógrado pasado mercantil, al juego de la oferta y la demanda.

Hoy piden una legislación laboral que opere como facilitadora patronal. Y esta tendencia afecta a toda la gente asalariada del mundo. El doctor López sostiene que está expandiéndose una nueva doctrina laboral que con urgencia debe ser debatida porque en su seno el derecho deja de ser tal para convertirse en una mera técnica. El derecho laboral pasa a ser un instrumento que estimule la eficiencia económica.

¿Qué dice esa doctrina?. Que deben hacerse reformas a la legislación laboral con el fin de promover el empleo. Que el derecho del trabajo es un factor de rigidez para producir empleos. Que el derecho del trabajo coopera muy poco con el rendimiento económico. Por eso apela a nuevas normas que faciliten el desempeño empresarial para crear puestos de trabajo. Las leyes de trabajo deben facilitar la ocupación.

Aquí parece un dilema jurídico: ¿cuál es la función del derecho?. Difícil respuesta. El profesor chileno sugiere que la OIT (Organización Mundial del Trabajo) aplique acciones inmediatas como la prohibición de regresividad de los derechos y el deber de progresividad de los derechos. Una buena reflexión para las legislaciones tropicales.

En todo caso y como decÌamos, al amparo de esta doctrina ocurren cambios en las leyes laborales. El profesor cita el mejor ejemplo de Europa: es el caso de la reducción del tiempo de trabajo y de normas que establecen subsidios para contratar trabajadores. Y describe otras normas que incluyen a América Latina: la libertad de despido sin invocación de causa, contratos de duración limitada sin deber del empleador en el costo del despido, amplias facultades al empleador para modificar las condiciones de trabajo (lugar, distribución de la jornada, funciones). Normas flexibles, les llaman.

No se ha demostrado, dice el doctor Diego López, que haya una correlación directa entre estas normas y más ocupación, aunque las reformas legales se están generalizando. Mas parece que están permitiendo un reciclaje en el flujo de las temporadas de desocupación, ya que la masa salarial tiende a disminuir.

El trabajo debe ser repensado y sus derechos. Toda la democracia se basa en la idea de prosperar por el trabajo. ¿Quién la cree? ...porque trabajo y bienestar se disocian aceleradamente.

Fuente: www.sigloxxi.com


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