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De policías y...
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 24 de mayo de 2005
tpalencia@sigloxxi.com

La escuela, órgano de reproducción de esta civilización, está en crisis. No puede reciclar más.

En el mundo se ha instalado un gran problema del cual será muy difícil salir si no se siguen caminos integradores. Se trata del menosprecio a la juventud, del desplazamiento de la juventud hacia... la nada.

Hace más de 30 años, como signos ya de época, aumentan los suicidios de jóvenes, crece el subempleo juvenil, se ultra tensa la competencia laboral entre la juventud y la desintegración de la familia sacude a los patojos, hombres y mujeres, con 50 mil formas de violencia.

La escuela, órgano de reproducción simbólica de esta civilización, está en crisis. No puede reciclar más, se ha zafado como una tuerca vieja del engranaje del trabajo social. Ahora expulsa, vomita títulos, cobra por encerrar y avienta sin excelencias a la juventud hacia calles, donde están todas las opciones, todos los sueños, todas las marcas y casi ninguna oportunidad.

La juventud, como nunca, vive de la escuela esa su siempre condición de máquina reclusoria. Pero a decir verdad la mayor reclusión juvenil es simbólica aunque extraescolar. Este tiempo es de tanta saturación de imágenes, lenguajes, seducciones, estereotipos del cuerpo, reductos de pertenencia, que entre la juventud florece la trampa de ser masa, la confusión, la presión por ser, la frustración del deseo. El amor se desvanece. Las opciones-cárceles simbólicas llevan y traen a la juventud entre fundamentalismos y cinismos.

Hemos dicho que ser joven alienta siempre un espíritu contracultural. Sin la fuerza de la juventud del mundo, estaríamos todavía en la esclavitud. Sin el espíritu juvenil, el arte desaparecería. La juventud rompe patrones culturales y crea relaciones que disienten del tufo dominante. Los otros jóvenes, los que sólo repiten de memoria o son indiferentes, están viejitos.

Existe una expresión contracultural que nos causa contradicciones: la de las maras. Con ellas está surgiendo un poder paralelo que no reconoce la autoridad del Estado. Jóvenes que se fugan del orden en la medida en que su vida personal los expulsa, les quita el derecho de vivir en ese orden.

¿Qué hacemos frente a eso de lo cual intuimos que no es bueno para nadie? ¿qué hacemos frente a una rebeldía juvenil cuya exclusiva fuerza es la violencia?. ¿disolverlas, aniquilarlas, juzgarlas, condenarlas, reincorporarlas?... lo cierto es que si sólo nos ocupamos por su desaparición, sólo nos va a salir lo mismo: violencia. "Mano dura contra las maras" se dice en Centroamérica y ya un personero de Bush vino para levantar en su contra el peso militar. Super mano dura, dice el presidente Saca.

En Guatemala no hay política. Proyectitos aislados. Ni siquiera esos tibios acuerdos del gobierno salvadoreño con empresarios que estén dispuestos a contratar a mareros. La principal obligación pública aquí es policíaca.

Fuente: www.sigloxxi.com


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