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¿Cultura ciudadana?
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 7 de junio de 2005
tpalencia@sigloxxi.com

En esta convocatoria de democracia elegante hay olvido de los grandes problemas de la gente.

¿Acaso no será más cuerdo gritar: ¡paren la rueda!? ¡Momento! Un poco de silencio y de respeto... Pero el manubrio rueda que rueda y con cada gobierno un nuevo circo.

Ya no hay bulla de populismo, se dice. En este circo se aplaude con corbata. Y ¡zaz! Se invita a dialogar, a que las voces se levanten en el coro de participación ciudadana. Sinfónica la rueda sigue... Y sigue la farsa quizá por dos grandes razones: 1) Porque es la misma vieja tradición de la Política y 2) Porque carece de historia.

La misma vieja tradición de la política que consiste en embaucar para gobernar. Este gobierno ha tomado decisiones estratégicas para Guatemala, decisiones que implican estructuras sociales y, a pesar de tal realidad, llama al diálogo para el desarrollo. Eso es viejo, inútil y repugnante.

Cuando los préstamos externos se negocian a puertas cerradas, cuando la política de descentralización traslada competencias a las municipalidades para que puedan hacer concesiones, cuando el presupuesto se despedaza entre deuda externa y dineros de la cooperación, cuando los planes económicos y su ¡arre! criollo priorizan los megaproyectos... ¿qué se puede dialogar? ¿Acaso entonces se trata de decidir dónde abrir una mina de oro o dónde detener el curso de un río o dónde respaldar un grupo para Agexpront?

¿Qué se puede dialogar cuando se tiran los papeles firmados, se prohíben manifestaciones y se dispara contra manifestantes? Bajar del cielo a Maquiavelo en estos tiempos postmodernos no es más que hacer del arte de lo posible un éxito de la seducción.

Este circo ha seducido en nombre del honor, del ego propio. La mesa no está limpia, pero los egos están crecidos. Cuidado -dijo Platón- porque la primera degeneración de la aristocracia, el gobierno de los filósofos, es la timocracia, el gobierno de los uncidos, aquellos que hacen de su honor un arma para timar, para expropiar.

Vieja política. El diálogo se vuelve culto de sí mismo, adquiere rango de institución, dice pero no traduce, da vueltas y vueltas como una rueda. Pero más grave que tal pantomima del hecho cocinado (y del hablar mucho y apretar poco) es que este circo nace del mito del presente y del progreso. No hay ninguna invocación histórica en este llamado.

Sin historia el país no puede ser pensado. En esta convocatoria de democracia elegante hay olvido de los grandes problemas de la gente. Se idealiza el ahora, "usted puede", "proponga una ley", imponiendo una visión lineal del tiempo que vivimos.

El único tiempo es el de aquí en adelante (¿los TLC?). El corto plazo. El tiempo de los problemas (impunidad, desempleo, encarecimiento de la vida, como ejemplos), simplemente no se valora: se anula. ¿Cuál es nuestra memoria de las concesiones? ¿Borro crisis del café? Quienes no pueden recordar, no saben dialogar.

Fuente: www.sigloxxi.com


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