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La triple T
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 5 de julio de 2005
tpalencia@sigloxxi.com

Tenemos tres tragedias: de tragedia de distribución; tragedia de intermediación y tragedia de los valores.

Una triple T nos amenaza tanto como para seguir de tontos, aunque no es la T de tanto ni de tonto. Es la T de tragedia. Desventura, desamparo, miseria... maldición.

Ha pasado un año y medio de gobierno y otra vez se nos impone -no ya los partidos que de suyo son tontísimos-, sino la constelación de problemas acumulados.

El pulso electoral comienza a latir (y Bush hasta la cocina de la casa), pero los grandes problemas tampoco son tratados, no son fuente de política pública. Sobre ellos cae la avalancha del mercado postmoderno. Tres tragedias.

Tragedia de la distribución. Sólo una cuarta parte del PIB corresponde a salarios. En este país hay una severa desigualdad en la distribución de los recursos y no se trata de un problema administrativo del Estado o del gobierno de turno ni de las munis, tiene directamente que ver con la organización fiscal y productiva que existe para el acceso al trabajo, al dinero, al mercado, a los servicios, a la naturaleza.

Gran problema de economía política: ¿Cuál es la prioridad?. Ahí la tragedia.

Porque lo que hay es manoseo de la herida. La tendencia para nada está dirigida a elevar el ingreso de los peor distribuidos; la prioridad es coparticipar en la inversión monopólica.

Tragedia de la intermediación. El derecho, factor de mediación por excelencia, se quiebra cuando la realidad de carne y hueso supura los efluvios de la inequidad y la corrupción: migraciones, empleos temporales mal pagados, riñas, odios. En ese mundo sin derecho el Estado mismo no intermedia, no constituye poder público y menos para resolver conflictos. Los crea, atrapado en gobiernos que lo hacen suyo.

Ahí están las páginas de política del Ministerio de Agricultura: un Estado que abandona a decoraciones la depresión rural.

Los partidos, nacidos para intermediar no hablan de lo que la gente pide: detener los abusos. Siguen en negocios (intermediando) con pulsos y proyectos de política, pese a que el vacío es de programa de reformas nacionales.

¿Y los mass media? mediación pura y dioses de las cadenas mentales, con su poquedad nos llevan al olvido. Sobre mojado: discursos de sociedad civil que flotan (o intermedian) entre la cooperación y el Estado.

Tragedia de los valores. Frente al IGSS una mujer valiente dice que la ley no debe estar por encima de la ética.

Las medicinas son inaccesibles para muchos enfermos que requieren vitalmente de ellas y por eso protesta.

Poco se escucha que la Constitución protege la vida. En Río Hondo una hidroeléctrica, con venia estatal, decidirá así de simple sobre el curso y volumen del agua.

Poco se dice que la Constitución protege al municipio y otros muchos derechos en juego con la hidroeléctrica tal como está planteada. ¿Qué se valora?

Pero no. La T que falta es la que está en medio de sentido. Sí, sentido común.

Fuente: www.sigloxxi.com


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