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¡AY AY AY!
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 26 de julio de 2005
tpalencia@sigloxxi.com

Las autoridades han abandonado al PNR y sus delegados no llegan a la comisión. Sus pugnas son una vergüenza para quienes han sufrido sin verdad y sin justicia.

El Programa Nacional de Resarcimiento no sirve. ¿Por qué su atrofia? Observo tres torrentes de problemas. El primero tiene un vínculo estrecho con la frase que escribe la Fundación Myrna Mack en su reciente informe sobre violencia contra el sistema de justicia: dejar hacer, dejar pasar.

El Estado sigue incapaz frente a problemas fundamentales de la justicia. Reincide en dejarlos pasar y deja que se reproduzcan. La justicia misma tiene miedo en Guatemala. ¡Vaya dimensión donde el PNR flota como una isla! Si nos vamos a Marte veremos que en toda la Tierra ocurre una curiosa mutación del Estado: se vuelve mercancía. Es decir, la impunidad es negocio público.

El segundo torrente es un embrollo de la mala política. Toca precisamente una preocupación que ya hace varios años expresó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: el PNR confunde la responsabilidad del Estado. A no ser por unos millones de quetzales, las autoridades no muestran otra convicción para respaldar este programa. El Estado no está presente. Se instaló la oficina, pero no hay mecanismos para resolver la dinámica que se produce; no hay instrucciones para coordinar y menos estrategias de reparación comunitaria. El gobierno se desobliga.

Las autoridades han abandonado al PNR, al grado que son reiteradas las ausencias de sus delegados en la comisión bipartita que dirige el programa. Del PNR se ha ofrecido un Estado con funciones secretariales, pero la obligación es un Estado que haga síntesis de ideas piloto para la reparación y que le entre. Es cierto, se ha vuelto otro monstruo burocrático.

El tercer torrente es una maraña que cubre los ojos de los representantes de las víctimas. Si esa maraña, se espesa el PNR está muerto. Atrapados en su propia trampa, los representantes de las víctimas se pelean por dinero, por poder de mando y de decisión. No es ninguna manera de honrar a las víctimas. Sus pugnas son una vergüenza para tanta gente que ha sufrido sin verdad y sin justicia. ¿Cómo es posible que hayan perdido sus referentes?

El 15 de julio ocurrió algo que confirma que el PNR está muy mal. Ese día fue de total menosprecio a las víctimas. Se realizó la asamblea de elección de delegados de la sociedad civil. La masa fue lo importante, masa para votos y, por supuesto, masa que en todo caso fue masa indígena. La gente estaba enfadada. Las elecciones fueron improvisadas, sin transparencia, sin información, sin conocimiento previo de los candidatos y sin claridad de los derechos de los votantes. ¡Ay ay ay! El liderazgo social sofocando su propio fuego.

No bastará (pero es urgente) repetir estas elecciones. Tampoco bastará aunque también es urgente, que los representantes de las víctimas reconozcan cara a cara sus errores. Si el Estado no define con precisión su responsabilidad en este asunto habrá otro circo.

Fuente: www.sigloxxi.com


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