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Comprensión de un derecho
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 30 de agosto de 2005
tpalencia@sigloxxi.com

El poder público se contamina de negocios corporativos. Los servicios básicos deberían ser irrenunciables.

Con inaudita frecuencia los periódicos más importantes del planeta comentan que los pobres se rebelan contra los altos costos de los servicios básicos. Esta es, entre nuestras pesadillas, una gigantesca, aunque en estas tierras llenas de pobres no se le da importancia.

¿Servicios básicos? ¿Qué saben los pobres acerca de servicios básicos? Una respuesta inmediata es que esos servicios no existen. Son todavía muchísimas las familias sin agua potable ni drenajes, ni luz, ni salud, ni educación y... sin trabajo. La gente que vive alrededor de Chixoy simplemente no tiene luz.

La restricción y encarecimiento de los servicios básicos son hoy la más grave contrariedad política de la economía mundial. En su corazón está la civilización del petróleo y de la tecnología ultra concentrada. En su corazón está el clarísimo hecho: se ha modificado radicalmente el estatuto constituyente del Estado moderno: el bien común. El Estado se vende. El poder público se contamina de negocios corporativos.

Los servicios básicos deberían ser irrenunciables. Ante todo porque son fundamento del derecho a la vida. Tener acceso gratuito y público a la salud, al saneamiento, a la educación, es un acto irreducible. Es condición para coexistir. Pero acá en Guatemala, en medio de la cultura de víctimas que entreteje lamentos e indiferencia, vemos el problema de los servicios básicos como un mero lío funcional del "sector servicios".

Y no es así. Investigue usted qué capitales hay detrás de las generadoras y distribuidoras de energía eléctrica y qué negocios estimulan la lista de hidroeléctricas que se proyecta construir por el país. Encontrará grandes azucareros e inversionistas petroleros con planes para expandirse y controlar la producción y distribución energética. Y esa red de "servicio energético" está bajo control monopólico. No hay nada comunitario. Investigue también los negocios de los toneles y las tarifas de agua y el papel de las municipalidades en este desorden. Investigue al IGSS y los tráficos internos para la compra de medicinas o la capacidad del Estado para asegurar la calidad de los servicios. No hay pierde; los servicios básicos son la fuente central de corrupción.

Hablo en voz alta de esa manera de ser que vive aquí, allá, tan cerca como la Costa (los ríos son desviados y contaminados porque sí), tan lejos como Petén (los apagones son diarios); tan cotidiana como maltratar un teléfono público y tan grotesca como restringir el acceso a medicinas. ¿Servir a qué fin?

El derecho es juguete, un ardid que funciona con poder. Oiga usted las opiniones sobre el tipo que quiere matar a Chávez, casi nada se dice del nudo: matar. Raro este mundo. El silencio es a veces otra cara de la impunidad.

Fuente: www.sigloxxi.com


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