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Katrina
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 6 de septiembre de 2005
tpalencia@sigloxxi.com

Somos corresponsables de estos sufrimientos. No pensamos en el impacto de nuestro estilo de vida.

Nadie puede creer a la señora Laura Welch Bush, esposa del monarca imperial, cuando dice que tal devastación es con gran dolor el trágico efecto de los desastres naturales. Su sentido es tal vez sincero, aunque suspicaz, porque de malas compañías y buenas intenciones está empedrado...

(Noticia: Ya existen derechos reservados para los documentales katrinescos... Usted puede comprar películas).

Las cifras oficiales de las Naciones Unidas afirman que cada año en el mundo se ponen en riesgo más de 70 millones de personas debido al cambio climático. El impacto nuclear de los desastres radica tanto en el suministro como en la calidad del agua. Las sombras vagabundas del Misisipí todavía esperan.

Polillas y polillas y polillas y polillas. Abundantes. Eso sí, muy intelectuales. Y es cierto, hay debate, incluso financiado por trasnacionales: hoy en el mundo se discute si existen evidencias científicas que conecten el calentamiento global con la dimensión y recurrencia de los huracanes (eventos hidrometeorológicos).

El Instituto Tecnológico de Massachussets presentó un estudio que sostiene que desde 1970 aumenta la intensidad y la frecuencia de los huracanes en el Atlántico Norte y que este comportamiento está vinculado con el aumento de 1.5 grados de temperatura promedio en la superficie oceánica, dado el efecto invernadero. Otros científicos dicen que no. Que estos eventos corresponden a ciclos normales de la historia de la Tierra (y es versión oficial).

El discurso sigue, la evidencia está: los ciclos se hacen más cortos. La potencia de los huracanes en la zona del Caribe es ahora más del doble de lo que era hace 30 años. Y los cuatro grandes huracanes del 2004 para Estados Unidos (Charley, Frances, Iván y Jeanne), ocurrieron en solo 44 días.

Entre tanto la TV alivia. Pero somos corresponsables de estos sufrimientos. No pensamos los riesgos. No pensamos en el impacto de nuestro estilo de vida. Y de eso se trata, de pensar sobre nuestros actos en el origen y en el efecto de estos eventos. ¿Cómo vivimos? La civilización del petróleo brama.

Hay quizás tres asuntos serios y uno extra por sentado: planificar (sin dictadura). Ya aquí nace el primer problema: ¿cómo planificar en un mundo donde la bolsa de valores se inspira en un huracán?. Pero bien, los tres factores esenciales son:

1o. El crecimiento y la concentración demográfica (polillas y polillas llenas de lombrices y castillos de oro).

2o. La sobreexplotación de recursos;

3o. Las políticas energéticas.

Otros asuntos serios son el manejo del saneamiento y la disposición de basura industrial. Lo importante es todo: cómo producimos, cómo usamos agua y creamos energía y por qué esa tendencia de pasar siempre de la utilería a la ostentación.

Katrina nos habla también de otras maneras.

Fuente: www.sigloxxi.com


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