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¿Hacia dónde?
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 19 de octubre de 2005
tpalencia@sigloxxi.com

La comunidad internacional debe poner mucho interés en esto. El riesgo es la inequidad.

Al 13 de octubre pasado, Conred con modestia estimaba 225,915 personas damnificadas. Un millón y medio de personas más perjudicadas directamente. 683 comunidades. 32 puentes destruidos y 68 dañados. El doble de vidas humanas que se llevó el Mitch. Hoy habrá datos nuevos...

Aunque útil, no es sólo esa información la necesaria. De nada sirven las cuentas si la mano izquierda resta y la derecha suma, o al revés. Ya no es tiempo de filantropías de esposas de presidentes. Los albergues tienen problemas de letrinas y muchos están sobresaturados; hay escasez y poco acceso a pastillas para desinfectar agua; alrededor del lago de Atitlán ya hay casos de diarrea y disentería, y se sabe del repugnante uso politiquero de mucha ayuda. Estamos hablando de que la mitad de la población de San Marcos ha sido afectada. Estamos frente a daños en el 30% de la agricultura y en regiones que ofrecen el 40% del empleo.

Conred anota ¿y qué más? El Gabinete social es la otra mano de un pulpo totalmente desorganizado. La población no está enterada sobre cómo se interpretan esos datos. Y es que el Gabinete social anda partido en sus feudos ministeriales, con una Segeplan a la cual no escucha. Conred por un lado, Segeplan por otro y los ministros sin saber de equipos estatales coordinados. Un desorden.

Planificación territorial es la que debe hacerse. Estamos frente a un problema que no se reduce a una crisis de servicios, la cual debe atenderse de inmediato. Hay toda una geografía socioeconómica en juego. La misma que se ha negado a ver por siglos la oligarquía chapina y que por supuesto hereda al ciego gobierno de Berger. Es la geografía de la inequidad rural.

La pobreza no es un destino. Se es pobre porque hay un abuso de poder. De modo que esta tragedia debe resolverse sin ese abuso. Será demasiado humano conformarnos con la idea de ayudar a los pobres. Pero no permitamos que nuestro apoyo se vuelva esa costumbre capitalina de folclor campestre. Toda la población rural afectada, ya antes de Stan hablaba de desempleo, de bajos salarios, de mortalidad materna, de alzas en los precios, es decir, estaba mal. Porque el problema está allí: no hay interés de capitalizar la economía campesina, de invertir en la producción y mercado de las comunidades campesinas de Guatemala.

La prioridad es planificar la infraestructura sin los errores que olvidan la geodesia y es planificar la inversión productiva sin intermediación monopólica. La misma Segeplan obliga a Berger a proveer planificación territorial. Pero estos planes no pueden ser dedazos de mineras o de latifundistas o de caudillos o de iglesias; deben incluir a la gente misma. Deben ofrecer cadenas de producción e ingresos y menos riesgos a este laberinto de aldeas y caseríos dispersos. Laberinto que bien podría interconectarse, si hubiera voluntad política y no tanta prisa.

La comunidad internacional debe poner mucho interés en esto. El riesgo es la inequidad.

Fuente: www.sigloxxi.com


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