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¿Solidaridad en la reconstrucción?
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 16 de noviembre de 2005
tpalencia@sigloxxi.com

Ley Marco de Solidaridad en la Reconstrucción se llama la propuesta de Berger. Si se convierte en ley será una ley sin marco, sin solidaridad y sin reconstrucción.

La tormenta Stan vino a cambiar las cosas en medio de un Estado que no existe y en un momento de definiciones electorales. La propuesta de ley de Berger es precisamente una definición electoral. Autonomía en el manejo del pisto. Es una ley perversa.

Es sólo un documento de administración financiera. Dice que pretende restaurar y fortalecer el tejido social, pero lo único que regula es quién y cómo se gastará el dinero. De hecho propone, invocando la emergencia, un cheque en blanco para la Gana (y sus aliados). Controlar el manejo financiero de la reconstrucción y posicionarse frente al inevitable uso electoral que se dará al presupuesto de 2006. Raja para su molino, se dice en buen chapín.

Berger pide que se faculte al Ejecutivo para renegociar deuda y reoperar el presupuesto de esa deuda, a su plena y absoluta discreción de lo que considere como gastos "compatibles" con la emergencia. Remitirá copia de su informe, luego de tomar la decisión sobre millones de quetzales. Berger pide también que durante ¡seis meses! el Ejecutivo no se someta a la Ley de Contrataciones del Estado. Y crea una elite de control entre el Secretario de Planificación, los ministerios de Finanzas y Economía y la SOSEP (¿qué hace la SOSEP allí?) para manejar un fideicomiso de los saldos no ejecutados al 15 de diciembre de 2006.

El cinismo mayor de la iniciativa de ley es que reduce el presupuesto de 2006 y no establece ningún mecanismo para compensar la pérdida ni el ritmo del endeudamiento. Los 1,500 millones del presupuesto 2006 que se quieren dar a la reconstrucción se los van a quitar a gente no golpeada por Stan, aunque es igual de vulnerable y necesitada. Así es como aparecen los agujeros que inundan las tormentas.

Esto no es solidaridad. La ley no otorga ni una línea a orientaciones estratégicas en prioridades. No advierte que Stan golpeó una economía campesina que ya estaba en crisis. Pero ese tufo oligárquico sí que es viejo.

El problema siendo tan político es la política en este país. Porque el Congreso tampoco piensa en el Estado. En realidad, los diputados están obligados ahorita a analizar la situación fiscal-financiera. Y los precios de los servicios públicos debieran ser objeto absoluto de su atención. Si no adoptan compromisos de control y de salud fiscal, ni siquiera van a poder hacer su política porque se les vendrán sin capacidad de respuesta más sequías, inundaciones o terremotos, hasta para el día de las votaciones.

La reforma fiscal se impone. Y debiera ir a la elusión y a los beneficios fiscales, porque allí está la podredumbre. Control e ingresos sanos, dos medidas un poquito más solidarias.

Fuente: www.sigloxxi.com


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