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Educación laica y racismo
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 1 de diciembre de2004
viralvarez@intelnet.net.gt

Valioso e interesante ha sido el conato de debate que la columna de Méndez Vides (El Periódico 18/11/04) ha suscitado, pues al criticar ciertas prácticas públicas de sacerdotes de neocreencias indígenas dejó entrever, como acertadamente le criticó Sam Colop (Prensa Libre 20/11/04) que "un asunto es creer en la religión de uno y (otro) descalificar a otra que se asume inferior".

Las creencias religiosas y visiones cósmicas siempre han sido causa de acaloradas discusiones pues, al asumirse un conjunto de creencias como las verdaderas, a las otras no sólo se les considera falsas sino, lo más peligroso, justo eliminarlas sin importar los medios.

Si el debate y crítica a cuestiones como alma, cielo, dioses e inmortalidad fueron dando lugar a la constitución de los distintos cuerpos teóricos que actualmente dan forma y contenido a las diversas ciencias, en la actualidad no es ya imperativo escoger entre la disyuntiva de religión o ciencia.

Si bien el principio de verificación de la ciencia puede conducir al ateísmo, las distintas religiones y explicaciones cósmicas se las han ingeniado para sobrevivir y adaptarse a los embates de las dudas del raciocinio. Tanto el conocimiento religioso como el científico poseen actualmente su propio estatus y espacio de reflexión sin que necesariamente el uno invalide al otro.

Acusar a unos de "practicar ritos desfasados (...) en un mundo moderno donde ya están superadas esas creencias" (Méndez Vides, Op. Cit.) implica suponer que sólo son aceptables aquellos ritos y creencias consideradas modernas. La reacción de Colop, al considerar procesiones y cucuruchos, como también posibles prácticas superadas resulta también válida, pues al defender unas creencias la descalificación de las otras resulta necesaria, cuestión que si bien es legítima en el ámbito de lo individual, no lo es cuando se le traslada al de las prácticas sociales.

Fue para cimentar ese respeto al derecho de los individuos a tener sus propias creencias y practicar sus ritos que en Guatemala se luchó en las postrimerías del siglo XIX por evitar que el sistema educativo fuese orientado o conducido por una creencia religiosa, en particular pues, siendo el espacio escolar donde los valores y las prácticas sociales se construyen y consolidan, hacer de una religión o creencia la oficial actuaría en desmedro del respeto a la opción personal.

Lamentablemente la intolerancia e hipocresía de los distintos grupos, que durante más de un siglo, han hegemonizado el control político e ideológico de la sociedad guatemalteca, en lugar de permitir que el respeto a las diferencias individuales se consolidara como práctica, haciendo uso de múltiples y variados subterfugios discursivos impusieron creencias y prácticas sociales como las únicas aceptadas, persiguiendo y anatemizando otras, la mayoría de las veces para justificar su dominación social y económica, traducida muchas veces en prácticas racistas.

El conflicto armado permitió que aflorara, como una de sus raras secuelas positivas, la constatación que Guatemala es una sociedad en la que se relacionan y encuentran distintas culturas, con sus propios ritos y creencias donde, como acertadamente anota Méndez Vides en su nota, "la mezcla existe en mayor o menor grado (...) con mucho en común y donde (...) el racismo mismo resulta incomprensible".

Ahora, que desde varios espacios y sectores se insiste en lograr una reforma educativa profunda y efectiva, es imperioso insistir en la necesidad de que el sistema escolar sea real y efectivamente laico, dejando la difusión y promoción de las creencias a los espacios propiamente religiosos. Si unos hacen shows de incienso y alcohol, otros se dan golpes de pecho, algunos creen hablar distintas lenguas y otros más se creen milagrosos, la escuela no debe tomar partido por ninguna sino, lo más importante y necesario, debe consolidar en las nuevas generaciones la tolerancia y la aceptación de las diferencias pues, al final de cuentas, nadie tiene la verdad absoluta.

Fuente: www.sigloxxi.com


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