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Tratados comerciales e integración
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 9 de marzo de 2005
viralvarez@intelnet.net.gt

Conforme se acerca la ineludible aprobación por parte del Congreso de la República del Tratado comercial con Estados Unidos de América, como era de esperar, comienzan a radicalizarse cada vez más las posiciones a favor y en contra. Monseñor De Villa, en su columna semanal en uno de los medios del país, ya plantea sabiamente la necesidad por más y mejor información sobre el contenido y características de dicho Tratado.

Monseñor llama a tener cuidado con el maniqueísmo -blancos y negros, sin la aceptación de tonalidades intermedias- al que el absolutismo y autoritarismo de nuestras elites nos tienen acostumbrados, condenando a toda oposición como enemiga de "nuestra cultura", a lo que muchos tienden a responder con absolutos y rotundos NO.

Si bien todo análisis, observación o comentario que hagamos sobre cuestiones como ésta siempre estará influido por nuestra ideología, ingrediente irrenunciable en cualquier raciocinio; si se cuenta con profusa y amplia información y documentación, la reflexión será menos pasional y mucho más racional.

Es evidente que en una negociación como esta, lo que unos ganan otros lo pierden, aunque lo que se espera es que al final todos ganen en al menos alguna cosa. Ahora, para el caso guatemalteco es necesario saber no sólo cuánto y cómo ganarán algunos, sino quiénes y cuánto saldrán perdiendo. Pero si el lector se da cuenta, hablamos de ganancias y pérdidas en el país, sin que acá se haya dado una abierta y amplia negociación entre esos sectores.

Somos los guatemaltecos quienes debemos optar por quién se salva y quién se ahoga, y lo primero que debemos eliminar es el maniqueo raciocinio, impuesto desde la época de Alfonso Portillo, de que si no se aprueba el referido tratado será la catástrofe para todos, ¿por qué en este tema, el FRG y la Gana se parecen tanto?

Debemos considerar además que, como muchos afirman, Estados Unidos no pierde nada y gana muy poco al firmar el tratado, por lo que cabe preguntarse, ¿por qué entonces la prisa de sus articuladores? Estas interrogantes deben ser respondidas a toda la ciudadanía, y los legisladores sólo deben tomar su decisión cuando tengan claro hasta dónde perjudicarán a unos por ayudar a otros, demostrando a toda la ciudadanía que su voto no estará manchado por razones o motivos espurios.

Pero al margen de esta carrera desenfrenada por perder la dignidad y muchos bienes, la cuestión de este Tratado comercial, que de libre tiene poco, debe conducirnos a reflexionar sobre la importancia y necesidad de construir una Centroamérica diferente de la que hasta ahora nos han heredado. Todos conocemos la fragilidad e insignificancia de nuestras economías, como sabemos también de las ventajas comparativas que la unidad de nuestros esfuerzos puede tener en un mundo cada vez más integrado y globalizado. ¿Por qué no, antes de firmar tratados comerciales con los grandes avanzamos en construir una economía común, capaz de beneficiarnos unos y otros? El esfuerzo integrador de los países del Sur del continente, como la maravillosa muestra de diálogo y negociación que la construcción de la nueva Europa nos ofrece, son ejemplos que los centroamericanos debemos considerar antes de aventurarnos en negocios individuales que, más que potenciarnos, nos debilitan.

Paradójico resulta, además, que si vemos con relativa atención las propuestas ideológicas de la Gana y el FRG en Guatemala -que cada vez se parecen más- con la Arena salvadoreña, el liberalismo nicaragüense y los socialcristianos costarricenses, descubrimos que coinciden en mucho pero, a pesar de ello, se empecinan en caminar solos y distantes, posiblemente porque consideran que así pueden vender a mejor precio las sobras que aún pueden negociar de nuestros países.

¿No será este el momento de romper con las miopías y avanzar en la construcción de un bloque nacido de nuestras propias necesidades e intereses? Las futuras generaciones juzgarán con dureza y firmeza a los gobernantes, si ahora sólo piensan en su conveniencia personal.

Fuente: www.sigloxxi.com


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