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El vaso de leche de Maul
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 30 de marzo de 2005
viralvarez@intelnet.net.gt

Recientemente, el economista Hugo Maul, director de un prestigioso centro de estudios económicos, publicó en un medio escrito un provocador texto en el que cuestiona la supuesta bondad del actual Gobierno, al promover la licitación de leche fluida para ser distribuida en las escuelas públicas del país.

En momentos en los que buenos y malos, liberales y conservadores, eferregistas, panistas, centristas y hasta ex guerrilleros ven con ojos de misericordia y complicidad al tercer gobierno de los empresarios, que un economista que no puede ser tachado de enemigo del sistema, ni opositor sistemático, critique una medida supuestamente admirable del Gobierno, permite pensar que no todo está perdido.

Nadie, como dice el economista, puede estar en contra de que en las escuelas se reparta un vaso de leche, dada su importancia nutritiva. Sí llama la atención que la propuesta aparezca cuando ya empezó el ciclo escolar; después de que ya se anunciaron otros gastos en alimentos escolares, y el presupuesto de egresos no puede ser fácilmente modificado, por lo que a no pocos nos trae el "sabor" de los desayunos del primer gobierno de los empresarios, o el del famoso almuerzo del segundo (que nunca llegó a las escuelas, pero atrajo votos y simpatías a sus proponentes).

No sabemos el costo que ese milagroso vaso tendrá por niño, pero es de suponer que para trasladarlo a las escuelas rurales, que es donde más se necesita, se deberán inventar mecanismos de transporte refrigerado, lo que encarecerá -y mucho- tal alimento y reducirá significativamente el número de recipiendarios.

El tema merece atención y, para aclarar un poco el terreno, tenemos que decir que la alimentación servida en la escuela es una cuestión urgente y vital, si de verdad consideramos a la educación primaria como un servicio al que todos los niños tienen derecho.

Usando los términos de la ciencia económica -que tanto gustan a quienes han hecho del neoliberalismo su ideología- en sociedades como la guatemalteca, ofrecer en las escuelas alimentos -mejor si calientes- funciona para estimular la demanda por la escolarización. Mientras la oferta de educación no mejore, los incentivos alimenticios pueden atraer al niño a la escuela.

Pero si eso es cierto, también lo es que debemos ser radicalmente críticos al uso populista, demagógico u oportunista de apoyos como estos. La precariedad de recursos públicos obliga a que cada centavo sea utilizado de la manera más eficiente y efectiva, para resolver las exigencias sociales, evitando a cualquier costo que los recursos beneficien a quienes financiaron campañas electorales.

A inicios de año se hizo público que las escuelas rurales recibirían Q0.90 por niño para alimentos, mientras que las urbanas apenas Q0.60. Es de esperar que esta leche no esté incluida en ese presupuesto, pues bien puede resultar que tengamos niños que sólo reciban ese vaso de leche por los ya precarios Q0.90 que les fueron asignados.

Como sucede con los otros incentivos para atraer a los niños a la escuela, tal el caso de útiles escolares y alimentos, lo mejor es que sean administrados por los propios padres de familia y maestros, en sus pequeños mercados locales. De esa cuenta los recursos públicos no sólo son mejor aprovechados, dado que padres y maestros se convierten en los mejores controladores de su uso, sino que dinamizan en algo los precarios mercados locales.

Si debemos favorecer a algunos comerciantes, ¿por qué no hacerlo con los que están al final de la cadena comercial, y no con los mayoristas? Así, sí, innegablemente, ¡Ganamos todos!

Fuente: www.sigloxxi.com


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