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Bilingüismo, pobreza y escuela
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 25 de mayo de 2005
viralvarez@intelnet.net.gt

Para ser productivo, el niño debe ser escolarizado, y hacerlo en su propio idioma.

En memoria del Br. indio Antonio López

Según el último informe del Banco Mundial 87% de los indígenas guatemaltecos son pobres, resultando Guatemala como el país con la mayor proporción en el continente. La situación no es mejor para los no indígenas, pues 54% de ellos también son pobres. Si, como se anota en el último censo nacional, casi uno de cada dos guatemaltecos se dice indígena, la proporción de pobres en el país asciende a más del 70% de la población total.

Esto significa que por cada tres guatemaltecos que podemos comer los tres tiempos de comida, tenemos techo y contamos con los mínimos servicios públicos -agua, luz, drenajes- hay siete conciudadanos que no los tienen. ¿Que no los vemos? Eso es porque viven hacinados en los asentamientos y no tienen ni para la camioneta, o están refundidos en miserables espacios rurales lejos de las miradas indiscretas del "desarrollo" nacional.

Distintas corrientes sociopedagógicas han insistido en afirmar que la inversión que se hace en educación se revierte en aumento de la productividad, por lo que desde distintos centros de poder se insta al gobiernos a invertir más y mejor en la educación de sus nuevas generaciones. La hipótesis no es del todo cierta cuando de casos individuales se trata, pero en sociedades en riesgo de descomposición total si tienen cierta plausibilidad.

Pero si la pobreza en Guatemala no es característica exclusiva de los pueblos indígenas, como tampoco lo es la expulsión que el sistema escolar hace de sus niños, sí lo es la dificultad que estos encuentran para incorporarse al proceso productivo del país al no dominar el idioma que desde siglos se nos impuso como único.

Conscientes de tal situación, varios actores sociales e institucionales, nacionales y extranjeros, se han dado a la tarea de implementar procesos de educación bilingüe bajo el supuesto de que, para ser productivo, el niño debe ser escolarizado y, para lograrlo, hay que hacerlo en su propio idioma.

Sin embargo, como lo ha afirmado varias veces Celso Chaclán, actual viceministro de Educación Bilingüe, ésta nunca ha sido una efectiva política de Estado, sino simplemente una dependencia más dentro de un Ministerio que por décadas ha tenido como función atestiguar el colapso del sistema educativo nacional.

Durante los años del conflicto armado la educación bilingüe fue concebida como un instrumento más de la contrainsurgencia y si se permitió levantar la bandera simplista de la cultura autóctona, a condición de negar todos los espacios para la lucha social contra la pobreza y la igualdad socioeconómica. De esa cuenta, los indígenas que ahora posan "en las fotos de Gobierno" y tienen recursos para sus oenegés, sólo podrán hacerlo a condición de que hablen en su idioma, defiendan sus ritos, pero no cuestionen.

*Doctor en Sociología

Fuente: www.sigloxxi.com


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