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Maestros subversivos
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 17 de agosoto de 2005
viralvarez@intelnet.net.gt

Formar al nuevo maestro no significa sólo ampliar la cantidad de conocimientos científico pedagógicos.

La Guatemala de la impunidad y del silencio es una sociedad donde en casi todos los espacios sociales se hacen esfuerzos para mantener prácticas que durante décadas han producido beneficios a unos pocos en detrimento de los de las grandes mayorías que, alienadas, repiten acciones e ideologías que a aquéllos conviene e interesan, aunque diariamente emitan declaraciones en las que pretenden hacernos creer que todo aquello es sólo pasado.

Si durante décadas un grupúsculo de militares se enriqueció a costas de los recursos públicos mientras otros se aprovechaban de esa malla de corrupción para erigirse en empresarios del enriquecimiento fácil, hoy, tanto unos como otros se nos presentan como héroes travestidos milagrosamente en demócratas y republicanos, mas sólo basta una movilización popular, una demanda por derechos, una crítica a las desventajas de un tratado comercial para que se muestren tal cual son: autoritarios u oportunistas.

En la marginación e intrascendencia total mueren poco a poco aquellos que, si alguna vez intentaron rebelarse radicalmente cuando esas prácticas se exacerbaban, pronto se adaptaron a ellas introduciéndolas irresponsablemente en su cotidiano supuestamente revolucionario. Las instituciones y agrupaciones sólo lograron sobrevivir cuando sus dirigentes no sólo se hicieron cómplices de los dictadores y sus adláteres civiles, sino incorporaron esos comportamientos a su propio ejercicio del poder. Universidades y partidos políticos son ejemplos claros de esos comportamientos; llamados a ser espacios donde las ideas y posiciones diversas se encuentren, enfrenten y sinteticen, sus dirigentes -erigidos en propietarios- impiden que la producción científica en unas y la democracia en los otros se constituyan en la semilla de una nueva cultura nacional.

El bajo dominio de los conocimientos básicos que en el mundo moderno son indispensables para sobrevivir de muchos guatemaltecos abonan en favor de que estas prácticas sociales, desterradas en diversas latitudes, aún sobrevivan en nuestro medio.

La escuela, espacio de socialización por excelencia, no podría quedar al margen de tales prácticas pues los maestros, formados en su mayoría sin tener la oportunidad de cuestionar la violencia y el autoritarismo, simplemente los repiten y reproducen, considerando que así debe ser el mundo en el que les tocó vivir.

Formar al nuevo maestro significa, por tanto, no sólo ampliar la cantidad de conocimientos científico pedagógicos a dominar, ampliar las horas de práctica y hacer de ella una actividad que permita convertir la evaluación en proceso. Implica, sobre todo, convertirlo en un subversor de las ideologías y prácticas sociales dominantes. Cuestionar desde sus raíces la hipócrita manera como hasta ahora democracia y equidad han sido interpretadas en la práctica social, es una tarea que el nuevo maestro deberá impulsar como su principal misión.

Fuente: www.sigloxxi.com


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