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Hipócrita celebración
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 5 de octubre de 2005
viralvarez@intelnet.net.gt

¿Y los niños? Bueno, muchos de ellos han muerto violentamente antes de cumplir 15 años, como lo muestran las listas que algunos columnistas responsablemente indignados hicieron circular la semana pasada.

Con fanfarreas y relativa bulla, desde algunos espacios gubernamentales se hizo mención al Día del Niño. El comercio también intentó sacar ventaja pero, mucho menos comercial que la Navidad, en esta fecha los supuestos homenajeados pasaron lejos de las grandes vitrinas.

Desde el púlpito gubernamental la conmemoración dio lugar a páginas completas en los diarios, con la foto de ministros que se enorgullecen de estar engordando las vacas de algunos amigos presidenciales, pagadas, claro está, con recursos públicos. Fue tal el cinismo que el Día del Niño fue llamado de "Día de la vaca" (perdón, del vaso de leche). Pero el funcionario de marras no anuncio mayores recursos para los vaqueros (digo, para la leche escolar) ni tampoco hizo saber que, como la mínima lógica política aconseja, esos recursos se trasladarían al Ministerio de Educación para incrementar la exigua refacción escolar que se brinda a los niños.

Tampoco anunció que, como se hace con los "panitos" escolares, la leche podría ser comprada por los padres de familia en las tiendas de su municipio y, de ser posible, en polvo para hacerla mejor administrable.

No. El hipócrita saludo a los niños vino a corroborar que con los impuestos suyos y míos un señor, por el que posiblemente usted sí voto, ha decidido engordar de manera ágil y rápida las cuentas bancarias de algunos amigos ganaderos, para que formen parte de la lista interminable de los nuevos ricos que cada cuatro años crean los gobernantes.

¿Y los niños? Bueno, muchos de ellos han muerto violentamente antes de cumplir 15 años, como lo muestran las listas que algunos columnistas responsablemente indignados hicieron circular la semana pasada. Listas que de largas parece que ya no conmueven a nadie. Otros se hunden en el fango de la miseria y la pobreza, encontrando en las pandillas juveniles -hoy llamadas de maras- el único referente social que les acoge. Otro alto funcionario, cristianamente caritativo, de reciente militancia contra insurgente, ha salido gritando que la culpa de que existan las maras es de esos padres irresponsables que no educaron a sus hijos. Lamentablemente este señor tal vez no sabe que los mareros provienen casi todos de hogares desintegrados, residentes de zonas periféricas marginadas de los más mínimos servicios públicos, donde los impuestos suyos y míos nunca han sido aplicados con probidad.

Mientras los hijos de los ministros, y los suyos y los míos tuvieron un agasajo este 1o. de octubre, muchos niños no van a la escuela, o no encuentran en ella las respuestas a sus inquietudes y, en la soledad de las lodosas calles sólo calman su ansiedad con thinner o asaltando a otras tan pobres como ellos. Tal vez por ello, un ministro prefirió celebrar este día felicitando a las vacas lecheras que sus amigos ahora engordan con dinero público.

Fuente: www.sigloxxi.com


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