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La escuela como refugio
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 11 de octubre de 2005
viralvarez@intelnet.net.gt

Hoy los edificios escolares de la región, los que quedaron en pie, sirven de refugio a los desabrigados.

Los catastróficos efectos que la tormenta Stan ha tenido para con los sectores más pobres de este país sólo podrán contabilizarse adecuadamente cuando haya pasado cierto tiempo. Algunos, lamentablemente los menos, se convencerán de que en todas partes del mundo, pero en particular en un país como el nuestro, un Estado fuerte (que no es lo mismo que pesado, caro o autoritario) es indispensable, y que una política pública que permita proteger los bosques, cuidar las fuentes hídricas y evitar manipularlas con fines de corto plazo es urgente.

Lamentablemente todo parece indicar que los grupos que cada cuatro años se reciclan, más en el uso que en el ejercicio del poder, poco o nada intentan hacer por crear condiciones mínimas para que los sectores más vulnerables -ésos que afanosamente buscan antes de cada elección- no sufran las más duras consecuencias cada vez que los desastres naturales se producen. Talvez ahora que sectores económicos "importantes" se han visto afectados se aprenda la lección y no suceda, como nos pasa desde que hace más de 500 años doña Beatriz de la Cueva cayó presa de un alud semejante, que simplemente salimos corriendo sin prepararnos debidamente para el siguiente temporal.

Los que ahora gobiernan son casi los mismos que hace apenas siete años debieron enfrentarse a los efectos del Mitch, y aún así dejaron pasar largos días antes de percibir que el problema era serio, sin haber tenido la más mínima capacidad para prevenir los daños humanos y materiales que ahora lamentamos. Ahora ya sabemos que con cerrar los ojos y rezar, ni se calman las lluvias ni baja el precio de la gasolina; por lo que además de reconstruir es necesario pensar cómo nos preparamos para el siguiente temporal.

Hoy los edificios escolares de la región, los que quedaron en pie y no están anegados por el agua, sirven de refugio para los desabrigados, sin que en ningún momento se les haya acondicionado para tal servicio. Los niños de la zona han perdido todos sus enseres, pero sobre todo, sus pocos y escasos libros, y muchas veces las ya inservibles bancas y pizarras que hasta hace algunos días utilizaban.

Reconstruir las partes afectadas del país es urgente, pero parodiando de nuevo a ese conductor de radio: ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Pero por favor! ¡no se olviden de los niños, y si bien esto implica llevarles agua, ropa y alimentos, también exige actuar ya para reparar, equipar y mejorar escuelas, sin olvidarse de llevar libros, muchos libros para que los niños se entretengan y mitiguen un poco el inmenso dolor que el abandono secular traducido ahora en toneladas de lodo les está produciendo.

Imagino también que la Asamblea Nacional del Magisterio estará organizando brigadas de solidaridad, no sólo para a poyar a sus colegas afectados sino para atender pedagógica y sicológicamente a tanto niño.

Fuente: www.sigloxxi.com


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