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Los peligros de la simple reconstrucción
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 25 de octubre de 2005
viralvarez@intelnet.net.gt

Las autoridades están llamadas a construir un nuevo concepto de educación incluyente y equitativa.

La euforia caritativa y bienhechora de los guatemaltecos poco a poco va perdiendo intensidad y devolviendo a los de los estratos medios y altos su cotidiana indiferencia ante el abandono y miseria en que viven más de las dos terceras partes de la población.

Como en las otras grandes catástrofes naturales recientemente vividas, los guatemaltecos bienaventurados se lanzaron a paliar las miserias de sus conciudadanos, para pronto, como mandan las reglas de la sobrevivencia, retornar a su vida cotidiana relativamente satisfechos con su calidad de vida. El altruismo y caridad como práctica cotidiana es de unos pocos, y resulta natural y hasta necesario que los que no salieron afectados directamente pronto intenten retomar su vida y se desentiendan del padecimiento ajeno.

Es por ello que las sociedades han tenido que crear agencias que se encarguen, de manera impersonal pero seria, de ofrecer a los afectados posibles soluciones que les permitan, lo antes posible, incorporarse a la dinámica económica y social. Para ello, de una forma u otra y en distintos momentos asignamos recursos a manera de impuestos para que algunos, considerados por la mayoría en los momentos electores como los más idóneos, los administren en supuesto beneficio de todos.

El momento se presta así a acciones demagógicas y de supuesto impacto, pues los funcionarios intentan hacer ver a esa gran mayoría de fugaces corazones caritativos que ellos continúan cumpliendo su tarea, aunque en las páginas de los diarios y en los spots radio televisivos, más que información se transmita propaganda que ensalce las supuestas buenas acciones de los gobernantes, todo ello pagado con dinero público.

En el tema educativo el reto es demasiado grande como para que la demagogia y la simple propaganda nos invadan. Las escuelas que se cayeron o quedaron dañadas eran, en su mayoría, escuelitas de niños pobres que apenas si tenían cuatro paredes medio resistentes y algunas bancas para que se sentaran. No cabe, pues, en este caso, la simple reconstrucción, pues eso dejaría a los niños que sobrevivieron condenados a sufrir más y mayor exclusión.

En el tema educativo el desastre natural debe ser razón y motivo para que esos niños y maestros obtengan espacios y condiciones dignas para realizar con efectividad y eficiencia el proceso de enseñanza- aprendizaje, por lo que más que a reconstruir, las autoridades están llamadas a iniciar la construcción de un nuevo concepto de educación incluyente y equitativa, que bien puede tener como origen las zonas devastadas.

Un punto de partida sería volver a jornadas de ocho horas que permitan a los niños ir más allá de hacer como que reciben clases y que todos nos autoengañemos haciendo como creemos que aprenden. La creación de un nuevo concepto de edificio escolar sería un aporte también valioso.

Fuente: www.sigloxxi.com


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