Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Ladinos pobres: Abandonados
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 15 de febrero de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

No todas las batallas de la ciudadanía están ganadas, pues no todo es “miel sobre hojuelas”.

¿Los niños ladinos pobres del oriente no tienen derecho a un espacio escolar agradable?

Acostumbrados a vivir a la intemperie del mundo moderno, a los guatemaltecos parece no importarnos cuán deteriorada está nuestra sociedad. Nuestros vecinos, próximos y lejanos, cada vez más establecen y consolidan sociedades en las que el bienestar de la inmensa mayoría de sus miembros es la razón de ser de sus instituciones, sean éstas públicas o privadas.

El sector público no sólo provee servicios de calidad sino que ha creado mecanismos para que el privado no esquilme ni desprecie a sus consumidores. Los individuos son cada vez más ciudadanos y, a partir del ejercicio consciente de sus derechos y deberes, avanzan en convertirse en consumidores críticos.

No todas las batallas de la ciudadanía están ganadas, pues no todo es “miel sobre hojuelas; pero aun las derechas que gobiernan Alemania y Suecia, por ejemplo, se ven obligadas por el peso de las instituciones y a defender los derechos de los ciudadanos por encima de los intereses de los dueños del capital.

Sale todo esto a cuenta, luego de conocer las primeras informaciones del Censo que sobre la infraestructura escolar recientemente hizo públicas el Ministerio de Educación. Si bien puede decirse que la mayoría de las salas de clase se encuentran en relativo buen estado, más de la cuarta parta presentan serios deterioros y exigen reparaciones.

Las dificultades son mayores cuando se analizan los datos por departamento. En los mayoritariamente habitados por ladinos pobres, como son los casos de Santa Rosa, Jutiapa y Jalapa, tenemos concentrados altos índices de aulas significativamente deterioradas. De cada diez aulas apenas cinco o seis se encuentran en buen estado. No sucede lo mismo en los mayoritariamente indígenas, como Sololá, Huehuetenango o Quiche, donde las aulas deterioradas son, cuando mucho, dos o tres de cada diez.

Posiblemente la discriminación positiva aplicada por distintas instancias de gobierno y agencias internacionales ha hecho que en los últimos diez años los recursos asignados a infraestructura escolar se hayan concentrado en los departamentos mayoritariamente indígenas, dejando de lado a los ladinos pobres del oriente.

Sin embargo, la causa mayor puede estar en el desorden y anarquía que imperan en la distribución y asignación de recursos para ese rubro. Fondos sociales, agencias internacionales, municipalidades, etc., construyen escuelas y aulas sin que para ello se exijan criterios técnicos y se sopesen debidamente las necesidades. Casi nadie, sin embargo, gasta en reparaciones, adecuación o modernización de las escuelas, con lo que cada vez más tenemos niños estudiando en galeras y sentados en ladrillos. Clientelismo, populismo, desorden administrativo y demagogia son razones que orientan el gasto en infraestructura escolar, con lo que la racionalidad y criterio técnico han quedado al margen.

Ahora que la campaña electoral arranca, una cuestión que debería ser puesta en discusión es, en consecuencia, cómo se da finalmente coherencia y sistemática al gasto en infraestructura escolar, pues ya de todos es conocido que un espacio escolar agradable y adecuado es indispensable para el éxito de los niños, con lo que el combate a la pobreza arranca en ese punto. ¿Será acaso que los niños ladinos pobres del oriente guatemalteco no tienen derecho a ello?

Fuente: www.sigloxxi.com - 140207


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.