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De la candidatura indígena y otras cosas
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 21 de febrero de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

La señora Rigoberta Menchú ha preferido tocar fuerte en la tecla de la exclusión étnica.

Serio reto tienen, por tanto, los dirigentes de Encuentro por Guatemala.

La novela en que se ha convertido la hipotética candidatura presidencial de Rigoberta Menchú tendrá aún muchos otros capítulos, sea para ésta o para la próxima elección. Innegablemente, es el hecho político más mediático del momento, tal y como en su momento fue la toma de Pavón y el fusilamiento extrajudicial de algunos reos.

Su posible candidatura ha colocado en debate las cuestiones étnicas y de género, mismas que, siendo importantes, por las formas en que vienen siendo tratadas, simplemente dejarán de lado la exclusión social basada en la exclusión económica, fondo y sentido de todas las otras exclusiones.

Tampoco se pondrá de manifiesto la cuestión rural, pues la futura candidata en sus distintas etapas políticas, no ha querido abordar el tema económico con sus implicaciones políticas; hija de su tiempo, la señora Menchú ha preferido tocar fuerte en la tecla de la exclusión étnica antes que en la de la exclusión económica. No es nada desdeñable, pero con esa posición y esos discursos, la inclusión es meramente cultural e instrumental, sin que se pueda suponer que en el corto plazo un programa de reformas económicas de fondo pueda presentarse al electorado.

La construcción de un capitalismo moderno, con compromiso social, quedará en consecuencia desterrada del debate político, pues los intereses que se pondrán en juego serán los de los comerciantes, enfrentando a segmentos y sectores, impidiéndose discutir el fondo estructural de la desigualdad.

La intríngulis en que los distintos oportunismos políticos la han puesto al simplemente anunciar que, en serio quiere ser presidenta, exigirán de ella capacidades políticas y ciudadanas que no le son exigidas a los demás candidatos de la derecha y centroderecha.

Las izquierdas, tradicionales y conservadoras, de inmediato la han considerado su tabla de salvación, pudiéndole ahora pasar la factura de su apoyo para la obtención del premio Nobel de la Paz, aunque es de suponer que le exigirán estricta coherencia con su pasado previo al premio.

Más complicado le resultará el panorama con sus viejos y nuevos aliados indígenas, donde si bien ahora se enfatiza la cuestión étnica, el tránsito de muchos de ellos por partidos que van desde el PR luquista hasta el FRG en sus vertientes riosmontista y portillista, con ex candidatos de la Gana y el PAN, hará que no se les vea como los excluidos de la política sino en un grupo más que busca defender sus intereses particulares y retornar a puestos de gobierno donde no tuvieron antes actuaciones destacadas.

Serio reto tienen los dirigentes de Encuentro por Guatemala.Articuladores hasta ahora de una propuesta de centroizquierda, contar con una candidata con fuertes matices conservadores y de derecha, pero de fuerte apego popular, les obligará a construir y presentar con mayor claridad y fuerza una agenda legislativa que los haga, no sólo novedosos sino capaces de ser diferentes en el fondo y en la forma, de manera que, pasada la tormenta electoral, puedan emerger como una opción política capaz de impulsar los cambios económicos y políticos que el país exige desde hace más de 50 años.

Fuente: www.sigloxxi.com


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