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Negociación y transparencia
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 21 de febrero de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

Ahora, como entonces, los maestros demandan incrementos a sus ingresos desfasados.

El Congreso puede, en definitiva, resolver la cuestión salarial de los maestros.

Hace exactos cuatro años celebrábamos que, finalmente, el paro y las movilizaciones magisteriales que se habían iniciado casi cien días antes, habían llegado a su fin. El autócrata caudillo —general y candidato— de los sectores neo contrainsurgentes había bajado el dedo y, para lubricar un poco más su campaña presidencial había acordado, con algunos dirigentes magisteriales, aprobar un aumento generalizado para todos los docentes.

De nada había servido la alianza FRG- URNG que el 19 de diciembre del 2000 había aprobado, ya en el jolgorio navideño y sin mayor debate ni discusión pública, reformas puntuales al Estatuto provisional de los trabajadores del Estado, capítulo de la dignificación y catalogación del magisterio nacional, Decreto Legislativo 1485, que a pesar de revisado continuó siendo provisional, pues el magisterio de todos modos ganó las calles y puso en jaque a un ministro que los tres años anteriores había logrado contemporizar con la dirigencia magisterial, haciéndole muchas concesiones.

Ahora, como entonces, los maestros demandan incrementos a sus ingresos desfasados y desactualizados. Ahora, como entonces, se levanta también una agenda reivindicativa más amplia que, sin embargo, se subordina a lo salarial. Ahora, como entonces, el Gobierno llega al final de su período deseando que el año apenas tenga 10 meses.

Si bien se pueden considerar algunas peculiaridades, como que los maestros de la ciudad capital ahora no han apoyado masivamente el movimiento, que algunos maestros de educación media se mueven con una agenda propia y específica, su oposición a las reformas al plan de estudios de las escuelas normales, y que el Gobierno ha concedido ya el incremento salarial demandado, el punto central es que, a diferencia de hace cuatro años, la mayoría parlamentaria es un caleidoscopio sin espejos, con lo que cada “chaye” no encuentra reflejos, mucho menos compañeros.

Sin embargo, es ahí donde reside la solución para el corto y mediano plazo, y no porque quien escribe sea un empedernido defensor del parlamentarismo, sino porque no habiendo en la actual legislatura la figura del autócrata-caudillo-candidato que quiera para sí todos los méritos, el Congreso de la República puede resolver, en definitiva, la cuestión salarial de los maestros, estableciendo no sólo la proporción del aumento sino su periodicidad, así como con base en qué fuentes financieras y en qué condiciones debe establecerse. En síntesis: romper con la transitoriedad del Decreto 1485 que ya lleva 46 años, acción con la cual, seguro, ganarían prestigio para el corto plazo.

El pacto colectivo es una solución temporal pero, objetivamente, una bomba que explotará en las manos del próximo gobierno que, como este y como el anterior, tendrá que lidiar con movilizaciones magisteriales si el tema salarial no se resuelve para el mediano y largo plazo.

Si los diputados ya amarraron las manos del próximo Gobierno, al imponerle reglamento a una ley desfasada, al menos deberían dejarle libre el cuerpo para no tener cada año marchas y paros magisteriales por causa del salario; cuestión que a todos ellos les conviene.

Los niños pobres del país, que exigen una escuela gratuita y de calidad, con seguridad, algún día lo agradecerán, porque un día de clases perdido puede definirles su futuro.

Fuente: www.sigloxxi.com


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