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Mujeres y política
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 8 de mayo de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

A Royal, calificada de no radical, las tendencias de ultraizquierda le declararon su apoyo.

En América Latina tenemos expresiones de esa nueva forma de pensar la política.

La derrota de la señora Ségolène Royal en las recién pasadas elecciones presidenciales francesas puede habernos dejado a muchos un amargo sabor de boca. Su derrota, aunque por mínima diferencia, la aleja de ejercer el cargo en un momento crucial de la historia de la humanidad, en un país marcado cada vez más por el racismo y la xenofobia. Sin embargo, que una candidata haya logrado no sólo llegar al segundo turno electoral, sino hacerlo con serias posibilidades de triunfo, es ya un indicador importante, más aún si en este caso había una clara y decidida posición de izquierda.

Calificada de no radical, las propias tendencias de ultra izquierda le declararon su apoyo abierto y decidido en el segundo turno, lo que muestra el amplio espectro de alianzas que esta ex Ministra de la educación primaria logró construir. La derrota, pues, tiene, en mucho, cierto sabor de triunfo, si se le ve como parte de un proceso político en la lucha por humanizar el modelo económico imperante, en que la equidad y la justicia sean los aspectos rectores de la acción política. Líder indiscutible de la oposición, su papel en la construcción del nuevo discurso político de izquierda será importante.

En América Latina tenemos ya expresiones efectivas y exitosas de esa nueva forma de pensar la política desde las mujeres de izquierda, y el ejemplo más significativo lo constituye la actual Presidenta de Chile. Sin embargo, hay que reconocerlo, no es aún una práctica cotidiana ni generalizada.

En el caso del sistema político guatemalteco, el aparecimiento de Rigoberta Menchú ha producido ya un impacto político significativo, cuestionando todas las tradiciones y clisés político-electorales. Si bien su eje referencial es más étnico que femenino, tratando además de distanciarse del discurso izquierdista, es innegable que para la izquierda democrática guatemalteca, como para el centro, ella es la única opción política en el próximo pleito electoral. No la apadrina, es cierto, una organización política con la experiencia electoral del Partido Socialista de Ségolène Royal en Francia; sin embargo, que el que la sustente sea liderado por la única mujer que ha tenido el coraje de construir una organización política, dirigirla y no por ello convertirse en su candidata presidencial como han hecho todos los varones que se desgañitan por ser presidentes da, a Rigoberta, pero también a Nineth Montenegro, un papel significativo en el escenario electoral guatemalteco, permitiéndonos pensar que, a futuro, en Guatemala el debate político tenga ya como ejes referenciales básicos la cuestión étnica pero también la femenina, en una percepción más amplia y seria de la justicia y la equidad social.

Lamentable resulta, sin embargo, que desde las posiciones de ultra izquierda, aún dominadas por el autoritarismo militarista, las candidaturas femeninas sean vistas como aderezos y supeditadas al liderazgo machista.

No es otra cosa lo que le ha tocado vivir a Walda Barrios que, dueña de una biografía de compromiso académico con las luchas femeninas, como candidata vicepresidencial de URNG-Maíz tendrá que subsumir ese discurso en la visión marcadamente masculina de su candidato presidencial y la organización que la apadrina. Tendrá que batirse en soledad, opacada siempre por el discurso de confrontación que le rodea.

Fuente: www.sigloxxi.com


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