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Políticas contra la inequidad
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 20 de junio de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

La mayoria de partidos tiene dificultades para proponer una agenda educativa convincente.

El momento es propicio para cuestionar el sistema escolar en sus cimientos.

El trabajo investigativo de Lesly Véliz, publicado en Siglo Veintiuno el 18 de junio, es aleccionador sobre las dificultades que encuentran los partidos políticos para proponer una agenda educativa clara y convincente.

En la mayoría de los ahí presentados se denota escaso conocimiento sobre la dimensión de los problemas del sistema escolar, mucho menos de la urgente necesidad para resolverlos si no se le vincula de manera directa a una estrategia amplia de desarrollo económico que tenga, como principal objetivo, permitir la incorporación de grandes sectores de la población al uso y disfrute de los beneficios básicos de la vida moderna, que no son sino los servicios básicos que desde hace más de 50 años disfrutan los países llamados desarrollados.

Si bien un serio problema es que a estas alturas del debate los partidos y sus candidatos no tienen ni remotamente claro los costos que sus promesas implican, mayor desazón produce descubrir que en su mayoría parecen no conocer los grandes retos y necesidades que el sistema escolar guatemalteco enfrenta.

Lo anterior nos muestra partidos y candidatos con visiones de corto plazo y si bien se les puede excusar diciendo que casi todos son nuevos y nuestra democracia apenas si tiene 27 años, con escuálidos 10 sin guerra, la inmensa mayoría de los candidatos ha transitado ya por puestos importantes del sector público.

No se puede hablar, por lo tanto, de falta de experiencia, sino más bien de una ideología estrecha, conservadora, poco comprometida con la realización de cambios fundamentales en la estructura política, social y económica del país, acomodada con la realidad y evidentemente falta de osadía.

Todo ello, posiblemente, producto de la forma y manera como se financian las campañas y los partidos, pues los “ensombrecidos” mecenas que apadrinan costosas vallas y largos y permanentes anuncios de radio y televisión no tienen interés con que las cosas, en el fondo, cambien.

Posiblemente, por todo ello el momento es propicio para cuestionar el sistema escolar en sus cimientos, pues los ciudadanos están deseosos por conocer y apoyar propuestas serias que nos conduzcan en el mediano plazo a salir del marcado atraso en el que nos encontramos y, quien quita, los candidatos abran ojos y oídos y logren entender.

Una de las principales cuestiones, que por evidente posiblemente no es enfrentada, es la evidente tendencia que el sistema escolar tiene a mantener la marcada diferenciación social que nos aqueja. Las escuelas más pobres, sean éstas públicas o privadas, con los maestros menos calificados, adonde llegan tarde todas las acciones gubernamentales son aquellas que atienden a los niños más pobres. Los niños están yendo cada vez más a la escuela, pero esto no se traduce en mayores y mejores aprendizajes, en el desarrollo de una cultura de la responsabilidad y el diálogo.

Nuestras escuelas, públicas y privadas, están atendiendo a niños ávidos de incorporarse a los avances del conocimiento y el desarrollo con prácticas, procedimientos y estructuras ancladas aún en la época de la guerra.

Modificar la tendencia, ofrecer a todos los niños, pero en particular a los más pobres, una escolaridad con alta significación política, social y económica es por lo tanto urgente, y es ahí donde la política pública debería comenzar.

Fuente: www.sigloxxi.com


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