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El Premio
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 4 de julio de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

Nuestros novelistas son aún muy pocos y, en consecuencia, los buenos son escasos.Hoy me complazco con el premio concedido a Mario Roberto Morales, un autor directo…

En todo campo de la actividad humana hay unos que hacen bien lo que se proponen; son muy pocos, sin embargo, los que lo hacen muy bien, y raros, los excelentes. Las sociedades, cuando quieren avanzar, cuando quieren ponerse cada vez metas más altas, optan por estimular a los excelentes, salen a buscarlos y los muestran a sus conciudadanos.

Algunos con marcadas aberraciones socio culturales creen hoy en día que los excelentes son sólo aquellos que todo lo venden o lo que es peor, que se venden, pues el mundo, según ellos, es simple y llanamente un universo de mercancías. Por suerte, aunque esa es la Fe (con mayúscula) y la religión que en Guatemala masivamente se practica —aunque muchos de sus adherentes ni siquiera lo sepan— existen aún algunos resquicios para el desarrollo de la creatividad y de la producción intelectual. Artistas y científicos se mueven más por el placer de crear y descubrir, sin que la venta de sus producciones sea lo que les motive. Muchos intentan sobrevivir haciendo lo que les agrada y saben hacer bien; algunos, muy pocos para desdicha de nuestra sociedad, lo consiguen.

La literatura es esa rama del arte donde el diálogo creador y lector (consumidor dirían algunos) es más fecundo, pues quien escribe lo hace producto de una síntesis creativa entre lecturas e imaginación, y quien lo lee será capaz de crear sus propias síntesis, muchas veces lejanas a las que el propio autor imaginaría. Ellos recrean el pasado desde sus propias visiones y sentimientos. No son historiadores, pues su rigor está en la búsqueda de las palabras con sentido, en las tramas y personajes que, ficticios, se hagan creíbles y coherentes. Tal vez por ello en las sociedades con intensos y cruentos conflictos sociales novelistas, cuentistas y poetas recurren a ese marco de sangre y violencia para construir sus historias, siendo muchas veces más veraces que los propios historiadores.

Tímidos, desprovistos aún de esfuerzos que consoliden nuestra identidad, los guatemaltecos tenemos escasos estímulos para que los mejores aumenten cada día, cuestión aún más lamentable en los campos del arte y las ciencias. El Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias es uno de esos limitados resquicios, que este año, una vez más, se ha otorgado efectivamente a la creatividad y al rigor literario, mostrándonos, felizmente, la independencia política e intelectual de los jurados.

Nuestros novelistas son aún muy pocos y, en consecuencia, los buenos son escasos. Sin embargo, los cinco que hasta ahora han sido galardonados son muestra fehaciente de la novelística guatemalteca, y si bien casi todos pueden ser identificados como de izquierda, el premio no les ha sido concedido por sus ideas políticas y sociales, sino por la calidad de su producción literaria.

Hoy me complazco con el premio concedido a Mario Roberto Morales, un autor directo, creativo e innovador, quien, como la mayoría de los literatos nacionales, escribe con pasión y por deleite; sin por ello olvidarse de que, como hacedores de historias, son constructores del imaginario social nacional. Ojalá y sus novelas inundaran las escuelas e institutos, de manera que el discurso y la palabra escrita, entre los jóvenes, fuera más dinámica, abierta y creativa.

Fuente: www.sigloxxi.com


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