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El maestro como profesional
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 11 de julio de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

La profesión de maestro ha pasado de ser una actividad reconocida a una poco atractiva.

La formación del “generalista” cada vez más está siendo superada por el “especialista”.

En Guatemala, como en casi todos los países de América Latina, la profesión de maestro ha pasado de ser una actividad reconocida y de prestigio entre las clases medias, a una actividad poco atractiva, a la que se abocan niños y adolescentes, en su mayoría del sexo femenino, provenientes de los sectores más empobrecidos de la sociedad, con claras intenciones de dejarla si se presenta la oportunidad de formarse y ejercer otra profesión que consideren mejor remunerada.

En los foros de discusión sobre el tema se tejen distintas explicaciones que transitan desde culpar al mismo maestro hasta responsabilizar a las autoridades gubernamentales quienes, al no asignarles salarios relativamente decorosos, han alejado de la profesión a los jóvenes más dedicados. Ambas explicaciones puede que sean en parte verdaderas, siempre y cuando se asuma que el prestigio que la sociedad otorgue a una profesión determinada estará siempre ligado con el dominio exclusivo que de determinados conocimientos posea el profesional. Esta “exclusividad” tendrá como consecuencia no sólo ejercer cierta dosis de poder, sino, en un mundo cada vez más mercantilizado, cobrar más altos emolumentos por los servicios que se puedan prestar, elementos que combinados producen el llamado estatus social.

Si en una profesión la oferta de autorizados para ejercerla es mucho mayor que la demanda, los espacios de prestigio social y económico decrecerán, pues los conocimientos puestos en práctica serán considerados demasiado comunes.

Ante el actual nivel de desarrollo del conocimiento, el maestro de nivel primario debe poseer no sólo conocimientos cada vez más profundos sobre las asignaturas que ofrece, sino de las formas y maneras de lograr que esos conocimientos, habilidades y destrezas sean desarrollados por los alumnos. Como sucede con todas las otras profesiones, la formación del “generalista” cada vez más está siendo superada por el especialista, que en el caso de los docentes tiene que ver con el dominio de áreas de conocimiento que otros docentes no tendrían por qué dominar.

Siendo el Estado el principal y mayor contratista de docentes, además de ser el responsable por la determinación de los criterios a través de los cuales el sector privado tiene que regirse, cabe a éste comenzar a transformar los criterios de formación del maestro de educación primaria, asociando a la especialización, claro está, mejores salarios y condiciones de trabajo.

Algo similar se intentó hace más de 40 años con el nivel medio; sin embargo, la irresponsabilidad del Estado al no ser lo suficientemente responsable y exigente para que los criterios se cumplieran, anuló los efectos profesionales y escolares de tal medida, a lo que colaboró fuertemente el facilismo mercantilista con el que las universidades han tratado la formación de profesores de enseñanza media.

Puede ser que ahora que el Estado ha optado por no abrir mano de su responsabilidad en la formación de los maestros de primaria la especialización y, consecuentemente, la efectiva dignificación del magisterio pueda convertirse en política de Estado. En buena medida los maestros tendrán mucho que decir y hacer al respecto.

Fuente: www.sigloxxi.com


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