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Escuchemos sus gritos
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 18 de julio de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

El interés por recoger el sentir de los adolescentes, es ya digno de encomio.

Uno de cada tres niños guatemaltecos se angustia por cómo concluir sus estudios.

El domingo recién pasado, Prensa Libre hizo públicos los resultados de una encuesta que, a pedido de ellos y de Unicef realizó Vox Latina a una muestra de adolescentes. Como todo sondeo, los resultados de éste tienen diversas y distintas lecturas, dependiendo de los aspectos sociopolíticos que se tomen como referencia, sin embargo, el solo hecho de que exista interés por recoger el sentir de los adolescentes guatemaltecos es ya digno de encomio.

Mucho podríamos discutir sobre el sentido y consecuencia de las opiniones recogidas. No tenemos a mano ni el diseño de la muestra ni las características del instrumento, importantes para poder opinar con propiedad sobre los resultados obtenidos.

Sin embargo, a pesar de ser guiados sólo por lo divulgado por ese medio, podemos decir, como gran conclusión y al contrario del optimismo mostrado por los promotores del estudio, que sus resultados nos muestran una adolescencia que a gritos nos está diciendo que merecen un país diferente, con opciones de futuro claras.

Uno de cada tres niños guatemaltecos se angustia por cómo concluir sus estudios, situación más dramática en los niños rurales según el estudio. Pero además, uno de cada dos adolescentes no tiene mayor esperanza de encontrar oportunidades para superarse. En una edad en la que todo tendría que ser claro y tranquilo, la mitad de los niños (44.7%) dijo estar consciente de no tener oportunidades para superarse. Pero lo más espeluznante del estudio es que “el 65% de los adolescentes encuestados dijo que está de acuerdo con que maten a los mareros”.

En cualquier sociedad, que un reducido número de sus miembros estuviera abiertamente de acuerdo con ejecuciones extrajudiciales es causa de estupor, consternación y exigencia a todos los aparatos del Estado y de la sociedad civil para tomar cartas en el asunto. En nuestro caso, dos de cada tres adolescentes ni se inmuta, al decir que están de acuerdo con la muerte (asesinato sería la palabra exacta) de jóvenes que, de antemano y sin juicio previo, consideran delincuentes. ¿Estarían estos adolescentes de acuerdo con las muertes relatadas por El Periódico ese mismo día? ¿O exigirían el “ajusticiamiento” inmediato de los supuestos asesinos?

La constatación de la encuesta es aterradora: a nuestros adolescentes les parece normal que se salga matando por ahí a todo el que se considere delincuente. De ahí a formar parte de grupos de exterminio no hay más que un paso, y éstos pueden ser para acabar a los de un lado como del otro; que al final de cuentas, ¿quién tiene la razón? Los predicadores del exterminio, como aquellos que públicamente dijeron abrir botellas de vino para celebrar las ejecuciones en Pavón, tienen en estos datos sus frutos.

No digamos, por tanto, que nuestros adolescentes quieren construir una sociedad justa y equitativa. Ellos han aprendido que es con la muerte de los arbitraria y personalmente considerados transgresores como se resuelven los problemas y esto no es justicia, mucho menos búsqueda de la igualdad. Para ellos, como para los artífices de treinta y tantos años de guerra, todo se resuelve con la muerte del otro. ¿Y si ese otro es su hermana, hija o madre?

Tal vez por ello la violencia es ya la íntima compañero de nuestros adolescentes, inquietando apenas a dos de cada diez

Fuente: www.sigloxxi.com


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