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Telesecundaria nunca más
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 15 de agosto de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

Para las élites primero está enriquecer a sus aliados, no las escuelas de calidad.

El sistema escolar ya no soporta “chapuces”, el futuro del país está en juego.

Ante los ojos voluntariamente cerrados de nuestras élites, la población guatemalteca ha crecido aceleradamente, aunque en desorden y paupérrima. Convencidas de que lo único que les importaba era preservar sus ventajas, beneficios y cotos de poder y enriquecimiento, militares, políticos y oligarcas se refugiaron en su autoelogio, imaginando un país que, aunque poblado metro a metro por desarrapados, empobrecidos y analfabetas agricultores, sería capaz de mantenerles sus niveles de ostentación y consumo indiscriminado. Engolosinados en hacer uso de los escasos recursos del Estado para construir o reconstruir fortunas, no se dieron cuenta de que en el mundo cada vez se acortaron más las distancias pero con un mercado cada vez más exigente donde el que no se moderniza queda fuera, cuestión que implica, fundamentalmente, mejorar sustancialmente las capacidades intelectuales de los trabajadores.

Fue en ese contexto en el que los llamados Acuerdos de Paz se convirtieron en necesidad y, junto con ello, intentar encontrar, entre los escombros, formas y maneras para reducir los abismos que nos separan del mundo moderno y civilizado. Enamoradas de conceptos poco claros, como “reducción del Estado” y “descentralización”, la educación se dejó en manos de agentes privados que lo único que han perseguido es su sobrevivencia dentro de una clase media cada vez más empobrecida. Nadie se dio cuenta de que cada vez eran más y más los niños que concluían la escuela primaria, pero no encontraban cómo continuar sus estudios, por lo que, trabajadores antes de tiempo, inundaron plazas y calles vendiendo cualquier objeto que otro “más avispado” le robo a un descuidado vecino. Robar y engañar son, al final de cuentas, los principios básicos con los que nuestros niños se han educado por décadas.

Sin embargo, desesperados, los padres de familia intentan encontrar soluciones, y la única respuesta que han encontrado es una oferta de mala calidad, depauperada, llamada de Telesecundaria, porque para las élites primero está el enriquecimiento de sus aliados, sin pensar que sin una escuela de calidad para todos lo que hoy acumulen pronto será plata sin valor.
Heredada en contenido y forma del sistema escolar mexicano, donde permanentemente es criticada, aún por el actual grupo en el poder, la telesecundaria guatemalteca mal atiende a 45,550 niños, en 567 mal llamados centros, con enseñanza supuestamente apoyada por monitores sin ninguna formación especializada. Son ya casi la tercera parte de los alumnos de ese ciclo los que están bajo ese sistema de enseñanza que, tal vez es bueno para unos pocos, no puede ser un modelo a generalizar.

Lamentablemente para todos los candidatos, dispuestos simplemente a administrar por cuatro años más nuestras crisis, rápidamente han adoptado esta modalidad patéticamente remedial como la solución a la ampliación de la cobertura en el nivel básico. Nadie nos dice que ya es hora de inversiones masivas en edificios escolares, en capacitación efectiva de los docentes del nivel medio, para así mejorar sustancialmente la calidad de la formación de los hijos de nuestros hijos. El sistema escolar ya no soporta “chapuces”, el futuro del país está en juego. ¿Estamos dispuestos a invertir para salvarnos o, cual avaros, nos pudriremos entre monedas sin valor?

Fuente: www.sigloxxi.com


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