Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

El país que estamos construyendo
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 29 de agosto de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

Una sociedad con altos niveles de escolaridad no tiene por práctica los motines.

La paz y una visión diferente de la vida colectiva no se alcanzan con sólo escolarizar.

Los primeros datos de La Encuesta Nacional de condiciones de vida de 2006 comienzan a fluir y, aunque los sectores académicos, e imagino que también los políticos, no tenemos acceso aún a toda la masa de información, necesaria para la realización efectiva de nuestro trabajo, los medios de comunicación algo han logrado conocer y trabajar. Es así como Siglo Veintiuno nos ofreció este lunes las primeras informaciones sobre la escolaridad de los guatemaltecos, popularmente llamada de “educación”.

La nota periodística nos ofrece un dato alarmante, descriptor indiscutible de nuestras capacidades intelectuales y laborales como sociedad, como lo es el promedio de escolaridad en el país, que apenas llega a ser de 4.26 años. La nota periodística no nos dice el valor de la desviación estándar, dato indispensable para entender mejor la situación de la población, sin embargo, con sólo ese dato, aunado al de que los varones no indígenas alcanzan apenas 5.32 años y constituyen el grupo con mayor escolaridad, podemos decir que los retos para el corto y mediano plazo son enormes, si asumimos que los niveles de escolaridad de una sociedad determinan, entre otras cosas, la paz social.

Una sociedad con altos niveles de escolaridad no tiene por práctica los motines ni mucho menos los linchamientos, tiene mayor comprensión de la importancia de la convivencia pacífica y, según lo podemos ver en el mundo desarrollado, a mayor escolaridad menos tendencia a aceptar concepciones mágicas como marcos explicativos de la realidad.

La escuela no sólo instruye, también socializa y, en consecuencia, reduce la tendencia al conflicto social, además de educar en la comprensión de la complejidad del mundo, eliminando con ello la tendencia tradicional y metafísica de considerarlo simplemente dicotómico.

El escolarizado, al tener contacto con los aportes de las distintas ciencias tiende a asumir la insignificancia del ser humano, incorporando en sus prácticas la necesidad de contar con información validada científicamente para tomar sus decisiones. Ofrecer escolaridad a las nuevas generaciones es, por lo tanto, el principal desafío que los guatemaltecos que ya la conseguimos tenemos por delante, reto que no es simplemente una responsabilidad del poder público, sino un compromiso de todos si queremos tener un futuro diferente. La paz y una visión diferente de la vida colectiva no se alcanzan con sólo escolarizar a nuestros hijos; es necesario que todos los niños y niñas obtengan mayores niveles para que juntos podamos tener una sociedad diferente. En estos asuntos, vale la pena insistir, nadie se salva solo.

Es por ello que no podemos cantar victoria al saber que en este momento 95% de los niños que están en edad de hacerlo son atendidos en el nivel primario, pues aún no les estamos asegurando la conclusión del mismo, cuestión que no sólo tiene que ver con la promoción sino, sobre todo, con la capacidad que tenga la escuela para convertirse en espacio interesante y atractivo, de manera que lleguen todos a concluirla en el tiempo establecido.

Queda también por resolverse la atención en el nivel medio, por lo que la reforma de éste no sólo es urgente sino indispensable. Ojalá que después del 9 de septiembre podamos, rápidamente, encontrar en la diversidad de nuestro mapa político la serenidad necesaria para responder adecuadamente a las exigencias de todos nuestros niños.

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.