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La derrota y sus secuelas
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 26 de septiembre de 2007
viralvarez@intelnet.net.gt

La izquierda guatemalteca sólo es capaz de convocar a uno de cada 10 electores.

Maíz resultó más excluyente que la propia URNG, a la que sirvió de oxígeno.

Varios columnistas de éste y otros medios de comunicación, así como académicos de diferentes tendencias han dado ya su lectura sobre los resultados obtenidos por las corrientes de izquierda en las recién pasadas elecciones presidenciales.

La derrota es evidente si se considera que las distintas agrupaciones políticas creadas desde posiciones de izquierda, desde la centro izquierda a la izquierda supuestamente más radical, no sumaron, juntas, más que 5.8% de los votos para elegir Presidente y, en las papeletas para diputados por Listado Nacional, si bien ese porcentaje casi se duplicó pues llegó a 10.8%, el alza más significativa la alcanzó Encuentro por Guatemala, que tuvo el doble de votos de su candidata presidencial, situación que también se produjo en el caso de la Alianza Nueva Nación (ANN) sólo que en cantidades tan exiguas que no le permitieron, siquiera obtener una diputación y así mantenerse viva como organización política.

De esa cuenta debe asumirse que, cuanto mucho, la izquierda guatemalteca sólo es capaz de convocar a uno de cada 10 electores. Suponer o imaginar que el 36% de los empadronados que se ausentaron del proceso electoral son un nicho social de la izquierda es una falsa ilusión, como lo es imaginar que quienes votaron nulo y en blanco (9.4% del total de votantes) siguieron la orientación de pequeños grupitos de izquierda que en volantes y pasquines llamaron a anular el voto.

La derrota es evidente y, aunque pueden enumerarse distintos factores, como la falta de recursos financieros, la poca cobertura de los medios de comunicación o las campañas de desprestigio —más fuertes desde la izquierda ex guerrillera hacia Rigoberta Menchú y Encuentro por Guatemala— lo que es a todas luces cierto es que no se ha tenido la capacidad política ni ideológica para construir un proyecto nuevo que, recuperando los postulados básicos de igualdad y desarrollo que la izquierda guatemalteca impulsó desde la Revolución del 44, sea la plataforma política para insertar al país en la ruta del progreso, beneficiando a toda la población y no solo a una exigua minoría.

Luego de pasados apenas 10 años de su desmovilización, la izquierda de origen guerrillero y por ende militar, ha perdido todo contacto con la población y no ha sido capaz de construir un proyecto político que, amparado en claras posiciones democráticas que cuestionen a fondo las raíces militaristas, resulte atractivo a la población.

La creación de un movimiento amplio de izquierda fue para algunos la esperanza de que eso se produjera, sin embargo, controlado y cooptado por sectores mucho más radicalizados, MAíZ resultó más excluyente que la propia URNG, a la que sirvió de oxígeno para sobrevivir como organización.

El segundo turno en las elecciones presidenciales es así, una disputa entre derechas. Si bien en uno de los grupos exista uno que otro político con posiciones de izquierda y el propio candidato se diga socialdemócrata. Lo anterior no implica, sin embargo, que no sean diferentes y que, en consecuencia, haya que pensar muy bien cuánto aportarán uno u otro para la construcción de una sociedad más abierta, aunque no necesariamente sea un proyecto e izquierda.

Fuente: www.sigloxxi.com


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