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Las escuelas normales de mañana
Por Virgilio Álvarez Aragón - Guatemala, 14 de noviembre de 2007
valvarez@sigloxxi.com

Alumnos y maestros tienen enfrente un mapa un poco más claro y definido.

Ganó la defensa de la educación pública y de responsabilidad del Estado en esa materia.

Junto a la definición del proceso electoral el ciclo escolar ha llegado a su fin, con la consabida tranquilidad de electores y políticos por un lado, y de maestros y alumnos por el otro. Los gobernantes electos entran en el agitado y delicado proceso de seleccionar sus equipos, cuestión nada fácil si tomamos en cuenta que muchos tienen soluciones fáciles para todo y otros tienen intereses en casi todo. Alumnos y maestros, en cambio, tienen enfrente un mapa un poco más claro y definido, con la tranquilidad de que el año próximo, por no ser electoral, sus establecimientos no serán asediados por desinformaciones, intereses externos y espurios, ni mucho menos por conflictos internos producto de malentendidos protagonismos individuales.

El pensum de estudios para la formación de los maestros de educación primaria no había tenido mayores cambios en los últimos 50 años, a pesar de que el conocimiento y, en particular, las ciencias vinculadas con la educación han evolucionado significativamente.

La lógica contrainsurgente que mantuvo al país en la oscuridad intelectual se cebó principalmente en la formación de maestros, donde se evitaron cambios conceptuales por temor a que se tradujeron en pensamiento crítico y ciudadano, considerado por los detentores del poder de entonces como actitud y valores “contrarios a las tradiciones guatemaltecas”.

La voracidad de los intereses privatistas y reduccionistas del papel del Estado en la construcción de un modelo de desarrollo con visión de futuro también tuvo su efecto: en los últimos 30 años se dejó que la educación media fuera controlada, administrada y vendida por comerciantes que se inventaron mil y una carreras de nivel medio que, sin capacitar efectivamente para el trabajo, sólo les ha permitido “hacer unos sus centavos”.

Ante este panorama, docentes y autoridades, desde inicios del presente decenio comenzaron a pensar e imaginar formas para mejorar la formación de los maestros. La primera solución encontrada fue trasladarla a las universidades, sin darse cuenta de que con ello abrían de par en par la puerta no sólo a la privatización de la formación de maestros sino a la pérdida de coherencia y cohesión pues el Estado guatemalteco, lamentablemente, no tiene ninguna rectoría en la educación superior.

Llegada la administración ahora saliente, el tema fue puesto a debate y, por suerte, ganó la tesis de defensa de la educación pública y de responsabilidad del Estado en esa materia.

Malentendida por algunos, manipulada por otros, la reforma de las normales fue acusada de lo que no es. Sin embargo, ahora que las aguas se han tranquilizado, directores, docentes y estudiantes han dado pasos significativos en la consolidación de sus procesos, mismos que para dar los frutos necesarios deberán contar con todo el apoyo de las próximas autoridades.

Consolidar y desarrollar esta reforma, actuando además agresivamente en la reforma del nivel diversificado son, así, las metas para los próximos cuatro años.

Fuente: www.sigloxxi.com


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