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Necesario control de la enseñanza privada
Por Virgilio Álvarez - Guatemala, 5 de diciembre de 2007

Tendríamos que felicitar a la señora Ministra por tener el coraje de poner orden…

Es valioso que los dueños de colegios se reconozcan como “empresa privada”.

A finales de la semana pasada circuló entre propietarios y directores de colegios privados la invitación para reunirse urgentemente. El único asunto a tratar era la supuesta inminente emisión de un Reglamento de centros educativos privados, que el Ministerio de Educación estaría por hacer.

Según la convocatoria, en ese reglamento se pretendería clasificar a los colegios por niveles y categorías, según las calidades comprobadas de sus docentes y el rendimiento de sus alumnos en las pruebas nacionales. El cumplimiento de los servicios que anuncian ofrecer, así como las cuotas a pagar, serían supervisados por la Diaco.

El Proyecto Educativo (la visión y misión del establecimiento, acompañado de las acciones a realizar para alcanzarlas) debería estar a la vista de los padres de familia, quienes de esa manera podrían exigir su cumplimiento, además de informarles sobre lo que en realidad se hace en el centro educativo donde ha inscrito a sus hijos y por lo que está pagando. Para los convocantes a esa reunión, tales disposiciones afectarían a los “profesionales de la educación” y a las “empresas privadas” (colegios).

No tengo conocimiento de que un reglamento que contuviese esas disposiciones esté por emitirse, pero si lo está, y todo parece indicar que sí dada la alarma que cunde entre los dueños de colegios, tendríamos que felicitar a la señora Ministra por tener el coraje de poner orden en la enseñanza privada, cuestión a la que ningún ministro, en los más de cien años que tienen de operar en el país, se ha atrevido.

Muchos ministros han criticado la mala calidad de la oferta educativa que la inmensa mayoría de colegios ofrece, pero nadie, ni aun los más populistas, se han animado a hacer algo en serio para regular el sector y lograr que los niños obtengan la calidad de la educación por la que sus padres están pagando.

Los colegios de “garaje” abundan y se reproducen cual conejos, sin que las autoridades logren poner controles efectivos y serios al engaño que padres y alumnos sufren en relación con la calidad del servicio. Pedir que expliciten sus propuestas escolares y que los precios estén de acuerdo con la calidad de la oferta educativa que den, no es un atentado contra profesionales de la educación, ni contra la supuesta iniciativa privada, sino una natural exigencia que en toda relación comercial debe existir.

Es valioso que los dueños de colegios se reconozcan como “empresa privada”, pues como tal tendrán que dejar de divulgar propaganda engañosa, debiendo ser coherentes entre calidad del servicio, sus costos y precios, de manera que los padres de familia sepan que, a pesar de que paguen, en muchos casos la calidad de la enseñanza que sus hijos recibirán está por debajo de la que se ofrece en el sector público.
Se emita o no el citado reglamento, el próximo Ministro (a) tendrá que enfrentar con seriedad este tema. Si bien, es indispensable que la enseñanza pública gratuita sea de calidad, también a la privada debe exigirse la mejor calidad posible. Poner orden en el sector privado es urgente, como también es que sus dueños, cual empresarios, paguen estrictamente sus impuestos.

Fuente: www.sigloxxi.com


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