Lecciones univeristarias
Por Virgilio Álvarez - Guatemala, 9 de mayo de 2008
Fueron sus estudiantes quienes se propusieron lavar el honor de su institución.
Todos en Brasil hablan de lo aleccionadoras que han sido las movilizaciones estudiantiles.
El fortalecimiento de los sistemas de educación superior depende de cómo el Estado y sus élites entienden la importancia que el desarrollo del conocimiento y la formación profesional tienen para el progreso de sus sociedades. Los países donde sus instituciones de educación superior apenas se dedican a vender u otorgar credenciales profesionales no sólo hacen esta formación sin mayor visión de futuro, sino condenan a sus sociedades a permanecer en la pobreza, pues no se crean espacios para la innovación y la creatividad crítica.
Brasil es uno de los pocos países de la región donde sus élites, desde hace mucho tiempo, entendieron esta cuestión y, a pesar de las limitaciones, han hecho esfuerzos sostenidos para desarrollar sus instituciones de educación superior. A la demanda por profesionalizar cada vez más a su población, se le ha unido la exigencia por producir conocimiento en todas las disciplinas, no sólo en aquellas llamadas aplicadas o de rendimiento de corto plazo. El Estado ha ampliado significativamente sus aportes para el sistema, a lo que se le unió la creatividad de sus académicos para agenciarse recursos vendiendo servicios.
Esto permitió que universidades, como la de Brasilia (UnB), construyeran su propia agenda académica, mejorando no sólo su planta física sino sus ofertas y producción científica. Sin embargo, el manejo de tantos recursos, desde instancias poco fiscalizadas, hizo que las autoridades universitarias perdieran la perspectiva académica y utilizaran los recursos universitarios en beneficio propio.
Detectada la anomalía, las autoridades judiciales locales iniciaron procesos contra el Rector y sus allegados. Docentes y estudiantes no estaban dispuestos a aceptar que su universidad, diseñada por Darcy Riveiro y que había soportado valientemente la persecución de la dictadura y logrado resurgir de sus cenizas para convertirse en una de las más importantes del país, fuera presa del oportunismo y la corrupción.
Fueron sus estudiantes, en particular los de licenciatura, quienes se propusieron lavar el honor de su institución. Pacíficamente se instalaron en las oficinas administrativas e impidieron que el Rector continuara despachando. Haciendo uso de todos los medios modernos de comunicación, convocaron a la sociedad a apoyarles, demostrando con argumentos y documentos la razón que les asistía. Pronto, docentes y administrativos debieron acuerpar la movilización estudiantil, vaciando de poder a las autoridades cuestionadas. El desenlace, felizmente, fue la renuncia del Rector y sus más próximos. Pero el movimiento no se ha detenido, enfrentada la corrupción y expulsados sus practicantes los estudiantes se han propuesto avanzar en la reforma organizativa de su universidad.
Todos en Brasil hablan de lo aleccionadoras que han sido las movilizaciones y acciones de los estudiantes brasileños, quienes, sin proponérselo, parecen haber iniciado un nuevo movimiento universitario que busca construir instituciones de educación superior acordes a las exigencias de su época. Lamentablemente, los guatemaltecos estamos tan aislados e ensimismados que estas lecciones ni siquiera nos tocan.
Fuente: www.elperiodico.com.gt - 070508 |