De nuevo en pedacitos
Por Virgilio Álvarez - Guatemala, 19 de noviembre de 2008
No hay (...) en esta constelación de autoimaginadas estrellas, la disposición a unir o unirse. Todos quieren brillar con luz propia y se consideran a sí mismos los centros del universo.
Como ya se está haciendo costumbre, pasado un evento electoral, todos los que creen tener la posibilidad de reunir algún dinero en el negocio electoral se lanzan a la tarea de crear sus propias organizaciones. Se autodenominan defensores de los valores tradicionales, dueños de respuestas inmediatas para nuestras múltiples crisis. Autodefinidos como productos en exposición, no aparecen como proyectos colectivos transformadores, sino como individuos que se autoproclaman los salvadores del país y de la patria, aunque balbuceen frases hechas para convocar a nada claros proyectos colectivos.
No hay, por ningún lado que observemos en esta constelación de autoimaginadas estrellas, la disposición a unir o unirse. Todos quieren brillar con luz propia y se consideran a sí mismos los centros del universo. Son individuos sin mayor formación política, mucho menos económica o social, pero instruidos ya en el abecedario de las promesas fútiles; saben que la política en Guatemala no es cosa seria, sino un simple juego de espejos deformados, donde los blancos aparecen cenizos; los altos, bajos y los rubios, morenos, para luego cambiar de cualidad y convertir el color en sabor y la textura en sonido. En las prácticas políticas criollas, constituida y reiteradas antes, durante y después de que el negocio de la contrainsurgencia nos destrozara como sociedad, no hay lugar para los proyectos de largo plazo, mucho menos para los que se orienten a formar capacidades ciudadanas en la población. Todos quieren ser presidentes, pues, conocidas las mañas y debilidades de los anteriores candidatos —el cuñado, el primo, el mejor aliado y hasta el chofer del ungido de ayer— también se imaginan capaces de recoger fondos con públicamente secretos financistas, capaces de permitirles una campaña medianamente expresiva y conservar luego algunos quetzales sobrantes.
Todos se dicen estar más allá de las ideologías y, aunque les da vergüenza que les ubiquen en la derecha, sus propuestas, postulados y planes apuntan a defender a los mercaderes de siempre y a conservar las prácticas sociales que nos hacen la sociedad más impune de las que existen en esta parte del mundo. Aunque sabedores de que nuestros males sólo se corrigen con acciones sostenidas y de largo aliento, orientan sus discursos a las soluciones instantáneas, de corto plazo, poniendo zancadillas a quien gobierna para que, saliéndole todo mal, tengan la posibilidad de aparecer como mágicos brujos de soluciones instantáneas.
Lejos quedó ya el sueño empresarial democrático por construir una amplia alianza de derechas que permitiera, al menos, esbozar un proyecto de nación de largo plazo. La Gana no fue ni alianza, mucho menos una propuesta política de largo aliento. Tal parece que en esta Liliput política no despunta nadie que mida más de cinco centímetros. Las izquierdas, por su lado, apenas si ven el debate desde el televisor, interesados sus distintos grupos más en la sobrevivencia en organismos no gubernamentales que, también minúsculos, no logran dar sentido a una amplia oposición interclasista y multicultural. Así las cosas, el tinglado ya está puesto para con mucha bulla y canciones; sigamos hundiéndonos en el pozo de la ingobernabilidad, la violencia y la impunidad.
Fuente: www.elperiodico.com.gt |