Profesor emérito
Por Virgilio Álvarez - Guatemala, 26 de noviembre de 2008
Haber dedicado toda la vida a analizar, impulsar y promover la educación, en particular para los sectores históricamente marginados, se dice fácil. Pero si a ello le agregamos un efectivo y permanente compromiso público, en el que la lucha por una efectiva democracia y la justicia social han sido el signo de sus prácticas profesionales cotidianas, su ejemplo se agiganta. Saber que esa vida de compromiso cotidiano con la educación le ha valido largos exilios, uno por causa de su participación como Vice y Ministro de Educación en los gobiernos surgidos de la Revolución de Octubre, y otro por su activa y decidida participación en la gestión universitaria de Saúl Osorio, lo hace aún más ejemplar y simbólico, en particular cuando le escuchamos hablar de todas esas experiencias con la más nítida sencillez y humildad.
Es a esa vida colmada de sacrificios, compromiso público y aportes intelectuales a la que la Universidad de San Carlos de Guatemala ha decidido homenajear, otorgándole a Carlos González Orellana el reconocimiento de Profesor Emérito de esa institución universitaria que, surgida y originada en aquella Revolución de Octubre, hace de la celebración de su 63 aniversario un acto de reconocimiento a quienes desde aquellos gobiernos dieron vida y sentido a un concepto de universidad que se imaginó comprometida con la sociedad y sus aspiraciones más genuinas, tal y como ha sido la vida personal y académica del homenajeado.
Carlos González Orellana no esconde ni disimula su posición de izquierda, misma que, como toda su actitud científica y filosófica ha sabido llevar con claridad de principios, sin por ella caer en aspavientos ni posiciones radicaloides. Militante de primera fila, tanto en aquellos tiempos revolucionarios como en las distintas épocas de la vida política del país, no por ello ha llamado para sí los reflectores, prefiriendo ser un consejero crítico a todos aquellos que, simpatizando con sus ideas, en algunos momentos intentaron encontrar soluciones mágicas a problemas estructurales.
Si al regreso de su primer exilio logró encontrar abiertas las puertas de la Facultad de Humanidades para compartir con las nuevas generaciones de pedagogos sus conocimientos, para el segundo la encontró ya cerrada a piedra y lodo a toda idea innovadora. Los conservadores anticomunistas de los años 60 resultaron, así, más hábiles y académicos que los mercantilistas que se la apropiaron desde inicios de la década de los 80. Sin embargo, y para suerte de las nuevas generaciones de educadores, Carlos González no se ha dejado vencer ni silenciar, logrando cada día que pasa abrir nuevos espacios y mecanismos para compartir sus reflexiones, sus opiniones y, en consecuencia, estimular en todos los que se puedan considerar sus alumnos, el entusiasmo por el valor innovador y emancipador de la educación.
No es fácil llegar a los 84 años de edad estando actualizado y siendo siempre un moderno en su disciplina. Será, tal vez, por esta actitud que al saberlo reconocido como Profesor Emérito, sentimos que es un merecido reconocimiento al posiblemente más joven y actual de todos los pedagogos guatemaltecos del Siglo XX.
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