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Jimmy Morales, cómplice de crímenes de Estado
Por Virgilio Alvarez Aragon - Guatemala, 21 de mayo de 2018

Como no había sucedido nunca en la historia republicana de Guatemala, el presidente viaja a Israel en plan de excursión veraniega, acarreando a toda su parentela, dejando en evidencia que lo que le importa del cargo no son las obligaciones sino los placeres, con todos los abusos y excesos que los oportunistas acostumbran cuando consiguen que alguien les pague los boletos y las comidas.

Sin pensar en el impacto que tiene la medida, hizo denodados esfuerzos para sacar a su hijo y hermano de la prisión domiciliar, para disfrutar junto a ellos de las francachelas que este viaje de lujo les proporcionará. Hay que «atascarse ahora que hay lodo», parece ser la consigna que Morales le ha impuesto a su familia, sin importarle que los demás se rían de ellos por llevarse los panes entre las bolsas, o les acusen judicialmente por cobrar bonos ilegales o lucir gafas pagadas con fondos públicos.

En Jerusalén, el cómico presidente realizará algunas funciones relativamente vinculadas a su cargo, dedicándose luego, con el resto de su grande y bulliciosa comitiva, a recorrer turísticamente lugares que hacen la historia de dos pueblos, dos creencias religiosas y varias culturas. Él, como buen aprovechado, aplaudirá y defenderá histriónicamente al que le da de comer, sin preocuparse por las razones históricas, sociales y políticas que justifican el malestar de los otros.

Dícese que viaja en avión fletado por asociaciones de israelíes residentes en Guatemala y otros países, las que no escatiman esfuerzo para tenerlo de su lado. ¡No es para menos! Es el único presidente que no ha entendido que el régimen que actualmente se ha impuesto en Israel poco tiene que envidiarle a los más feroces y autoritarios regímenes neofacistas del mundo, resultándoles además muchísimo más barato que los otros gobernantes que el régimen corrupto de Taiwan compró en gobiernos anteriores, con resultados inmediatos, aunque de altos costos diplomáticos y políticos para el país.

Al oportunista y vividor, que se vende por un plato de lentejas, traducidas esta vez en viaje familiar con bebidas y comidas sin control en el aire y en tierra, no le importa que el mundo entero insista en que debe producirse un diálogo serio entre los dos pueblos que tienen derechos iguales en las tierras ahora ocupadas por Israel. Para él lo importante es la pompa, la lisonja, los falsos honores.

Mucho menos le preocupa que, para darle la bienvenida, su anfitrión le ofrezca en vitrina más de cincuenta cadáveres de palestinos acribillados por las ráfagas del Ejército israelí. A él y su corte familiar poco les importa la sangre ajena. Para ellos la gloria a su dios se da con sangre, sea en la franja de Gaza o en las aldeas de las Verapaces guatemaltecas.

Porque Jimmy Morales no pasará a la historia solo como el oportunista que se aprovechó hasta la saciedad de los recursos públicos, será recordado y, esperemos, enjuiciado, por haber permitido y estimulado no solo la criminalización de la protesta social sino, lo que es peor, el asesinato de líderes comunitarios. Hasta antes de su partida, ni él ni su ministro de Gobernación han dicho, mucho menos hecho, nada respecto a los crímenes de Mateo Chaman Paau y José Can Xol, ambos del Comité Campesino del Altiplano –CCDA–, y Luis Arturo Marroquín, del Comité de Desarrollo Campesino –Codeca–. Todo parece indicar que la luna de miel con los israelitas incluye coincidir en el asesinato de opositor, si allá el terrorismo de Estado y el genocidio palestino es abierto y descarado, en Guatemala, Morales quiere superar al gobierno de Óscar Berger, y pasar de la limpieza social a la ejecución extrajudicial de líderes campesinos.

El asunto en Guatemala puede llegar a situaciones extremas, pero en lugar de hacer todos los esfuerzos para evitar que el país se llene de féretros ensangrentados de dirigentes populares, el actual presidente, su corte familiar y su séquito de cómplices parecen añorar las fosas comunes por las que ahora se juzga a militares sanguinarios. Su silencio cómplice e irresponsable proceder no augura soluciones a los conflictos, más bien parece que se dejará que finqueros, mineros y apropiadores de recursos públicos ataquen a los comunitarios, en un intento restaurador de las épocas sangrientas de las dictaduras militares.

Morales volverá eufórico de su viaje familiar «todo incluido» por las tierras de Israel, muy probablemente con pasaportes de ese país entre los bolsillos pues, si logra evitar juicios durante su mandato, la doble nacionalidad podría permitirles fugarse y evadir la segura persecución penal que al solo perder la inmunidad se ejercerá contra él por los crímenes electorales y de desviación de recursos públicos de los que ya se le acusa. Claro, como mal imitador en el escenario, pueda que nos recete un retiro a lo Fujimori, y deje a Jovel cantando valsesitos, como aquel dejó a Trezegnies hace dieciocho años.

Fuente: gazeta.gt


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