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USAC: la traición de los infames
Por Virgilio Alvarez Aragon - Guatemala, 19 de noviembre de 2018

Recorrieron bulliciosos los pasillos y sanitarios, ausentándose sin ingenio de las aulas, vituperando por la espalda a maestros y compañeras. Con trampas y lacrimosas excusas aprobaron en el límite los cursos indispensables, obteniendo arrugados cartones que raudos presumieron entre vecinos y parientes, cual grandes premios a inexistentes esfuerzos. Pidieron que les nombraran, con sonora voz, como licenciados y doctores.

Con el pecho erguido de alcohol entonaron chalanas alegres y críticas, cuyos textos les resultaron incomprensibles, como inentendible les resulta el atrasado y conservador Gaudeamus igitur, autoimpuesto para presumir de falsa tricentenariedad y pasadas glorias coloniales, con reparto de indios incluido.

Sin capacidad para el humor fino y crítico, mucho menos para la ironía y el sarcasmo político, se refugiaron en el chiste soez y racista para, alienados, comerciar desde una corrupta y procaz cadena de televisión. Sin más vocación que la del dinero, crearon clínicas y negocios médicos, arropándose con disfraz progresista para alcanzar altos cargos universitarios, desde donde fortalecieron a la oligarquía administrativa universitaria, alimentando el negocio clientelista en los grupos de interés parapetados por décadas en los gremios profesionales.

En corrupta alianza con lo más chabacano de la escoria militarista, los profesionales del engaño y la corrupción se han apropiado del Gobierno y del Congreso del país, deseosos por enquistarse en ellos como lo consiguieron en la Universidad que fue creada hace 75 años para todos, y desde la cual, los pocos dignos y honestos han levantado su voz contra la corrupción, contra los crímenes de lesa humanidad, contra la explotación, saliendo a la calle mostrando el rostro, teniendo en sus manos nada más que la fuerte arma de su voz y su decencia.

Cientos de jóvenes, acompañados de los más dignos de sus docentes, intentan sacudirse la modorra y salen a demandar que los recursos públicos sean usados en beneficio de todas y todos los jóvenes del país. Que la Universidad vuelva ha ser de todos, que deje ya su doméstico servilismo y retorne al debate científico, serio, crítico, de los problemas nacionales.

Han dicho basta a la corrupción y a la mediocridad e incapacidad del Gobierno, y en esa lucha han construido alianzas temporales y puntuales con todos los que, de momento, quieren también erradicar la corrupción, el clientelismo, la manipulación y el autoritarismo.

Por eso, es contra ellos que han orientado su vengativo e insidioso actuar los que ahora controlan los fondos públicos. Quieren más armas para aterrorizar a los honestos, jugosos sueldos para comprar cobardes y corruptos generales, viajes e ilegítimos viáticos para cancilleres y embajadores que repitan al unísono las falsas acusaciones contra los que combaten abierta y legalmente la corrupción. Quieren mantenerse impunes por los siglos de los siglos y, en castigo a los que les cuestionan, niegan recursos públicos que en ley corresponden a los estudiantes universitarios. Quieren ahogar a la Universidad para mantenerla pusilánime y servil, como en las últimas décadas lo ha sido. La quieren alienante, para que las próximas generaciones de profesionales sean como ellos: corruptas y mercantilistas, procuradoras de favores y no de cargos según méritos y capacidades.

Oportunistas y desesperados, en esta lucha se han colado oligarcas administrativos que, cobardes, no quisieron ni antes, ni mucho antes, defender la institución con transparente y honesta firmeza. Temen perder sus prebendas y, más aún, perder el control de los muchos universitarios que aún no se despiertan ni manifiestan.

Han aparecido también, en esta coyuntura, ¡finalmente!, los que para obtener supuestos honores han callado la demagogia, la corrupción y el manoseo del conocimiento. Hablan ahora los que nunca han marchado ni se han movilizado pero que, sectarios a ultranza, han denigrado todo esfuerzo y alianza que no les tenga a ellos a la cabeza. Agreden a los dirigentes estudiantiles porque amplían el ámbito de sus alianzas, pero no se han animado, nunca, a cuestionar a los corruptos y mañosos que han llevado a la USAC a la situación en la que se encuentra.

Pero hoy es el momento de sumar. No importa si los oligarcas administrativos y los sectarios de papel se incorporan. Hoy, el enemigo, más que contrincante, es el pacto de impunidad que desea perpetuarse en el poder y agredir financieramente a la USAC. Los recursos no son de ellos, y por sobre sus intereses personales, sus berrinches y trampas, existe un orden constitucional que debe cumplirse.

Los recursos universitarios deben ser auditados social y transparentemente, pero, antes de ello, deben ser entregados en su totalidad y oportunidad. Sin condiciones espurias, mucho menos demandar silencio e inmobilidad. El pacto de corrupción e impunidad no debe prevalecer, mucho menos contra los universitarios.

Fuente: gazeta.gt


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