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Dios los crea y la droga los junta
Por Virgilio Alvarez Aragon - Guatemala, 26 de abril de 2019

Lo que ya era un proceso electoral pálido y en exceso judicializado, durante la Semana Santa vino a ponerse preocupante por esclarecedor. La detención en Estados Unidos de Mario Estrada no solo vino a abrir en canal el sistema político guatemalteco sino, lo más preocupante, la vocación asesina de muchos, entre los que muy posiblemente puede estar metido de cabeza el grupo gobernante.

Las informaciones, que muy a su estilo conspirativo y escueto ha ofrecido la Administración para el Control de las Drogas –DEA, por sus siglas en inglés–, por ahora nos dejan claro que el señor ingeniero Mario Estrada, por cuarta vez candidato presidencial, conspiró para introducir drogas en territorio estadounidense, con la supuesta finalidad de financiar su campaña electoral, pues tenía condiciones para ser el próximo presidente del país. Pero para conseguir ese objetivo era necesario quitar del camino, asesinato de por medio, a dos de sus contendientes. Hasta allí las informaciones del cartel de tráfico legalizado de drogas estadounidense.

La primera pregunta que queda en el ambiente es ¿por qué la DEA se interesó en hacer caer a Estrada? ¿Por qué hasta en diciembre lo buscaron? Todo hace suponer que el cartel del Departamento de Justicia estadounidense tenía ya informaciones ciertas de que para la fiesta electoral no solo los carteles se disputan candidatos, sino, lo más notorio, Estrada era ya un cliente y colaborador conocido. La DEA no dirá cómo y por qué llegó hasta Estrada, como tampoco si, disfrazada de cartel ilegal, está colaborando con otros candidatos que, por el momento, gozarán de su protección.

Lo evidente es que Estrada no se puso en el parque de Jalapa a llamar a los narcos para que le dieran millones para su campaña, ni mucho menos que de primas a primeras aceptó a sus interlocutores como los representantes reales y directos del Cartel de Sinaloa. Mucha agua tiene que haber corrido, y mucha droga transportada, para que el ahora detenido confiara en los investigadores y que estos llegaran a él como posible transportista.

Pero hasta allí todo es negocios de estupefacientes que, ilegalizados, circulan amplia y públicamente en las calles estadounidenses desde hace décadas, en una supuesta ilegalidad que criminaliza al narcodependiente y enriquece pública y alegremente al comerciante, particularmente a los grandes capos estadounidenses que nunca son detenidos, mucho menos juzgados.

La premisa básica inicial que en este caso nos interesa es que Estrada es narcocandidato y que esa actividad no es de ahora, aunque a pesar de su amplia experiencia, que se evidencia en sus propiedades y pertenencias, haya caído como aprendiz de novato.

Pero el asunto tiene su parte tétrica, pues el candidato narco tiene marcadas(os) de muerte a dos candidatas(os), pues sabía que con ellas(os) vivas(os) y compitiendo no llegaría a la silla para facilitar los negocios de sus socios. La DEA no da sus nombres, con lo que no solo permite que todos los candidatos presuman de víctimas, sino que deja sin protección a las(los) efectivamente amenazadas(os). Hecho público el primer delito de persecución en el país receptor de la mercadería, este segundo, de conspiración para asesinar, debe ser totalmente aclarado en Guatemala. Al saberse los nombres y las evidencias, estas personas pueden entablar demandas contra el detenido, exigiendo además que el MP realice las investigaciones del caso. Al ocultar la información, muy a su estilo, la DEA juega a cómplice de los asesinos que, según las informaciones ofrecidas, aún podrían estar al acecho. Curiosamente, además, el Ministerio Público no se ha pronunciado.

Por su parte, el Ejecutivo salió a decirnos que no sabía nadita de nada de los negocios sucios del ingeniero jalapaneco, para luego hacerse público que el 2 de abril, día laboral, muy amablemente, el presidente Jimmy Morales visitó al ya candidato en su mansión hacienda; para luego enterarnos que, al menos una vez, usó el helicóptero de Mario Estrada para una actividad oficial, bajo el pretexto de que en ese transporte se sentía más seguro.

Aquí la cosa cobra matices cantinflescos. El presidente es responsable directo de la Secretaría de Inteligencia Estratégica del Estado –SIE– dependencia que, según su propia definición, es responsable de recolectar, interpretar y analizar información que sirva para la toma de decisiones a más alto nivel. El asunto de la persecución del tráfico ilegal de estupefacientes requiere de inteligencia, y no se necesita ser muy suspicaz para suponer que la inmensa riqueza de Mario Estrada y su familia no es producto de venta de aguacates, como decía Pérez Molina, ni de perfumes al estilo Baldetti. Pero sucede que el «brinconcito» de Mario Andrés Duarte, director de la SIE, el mismo que en su berrinche ofreció devolver los más de 100 J8 a Estados Unidos, ni siquiera se ha enterado que Mario Estrada es un millonario sin actividad económica públicamente rentable y no le informó a su superior para que, al menos, guardara las apariencias.

Por qué el presidente de la República visita a un candidato, con quien supuestamente no tiene familiaridad, en lugar de recibirlo de manera oficial y pública en su despacho. Por qué hace más de un año usó su lujoso helicóptero, hecho que se ha querido ocultar diciendo que fue alquilado.

Esto hace suponer que son grandes amigos y que, a pesar de que desde hace mucho tiempo se sospechaba que era un narco político, el presidente usó el vehículo sin mayor recato ni cuidado, en un momento en el que ya estaba agarrado de los cabellos con la Cicig y el MP, personalizados en Velázquez y Aldana. ¿Acaso la SIE no lo investigó porque infantilmente lo creían santo de camarín con cuatro llaves o, sabiendo de sus nexos comerciales, se sentían más que a gusto con su narcoseguridad?

Por ahora, Mario Estrada está detenido y correrá la misma suerte que el exitoso y honesto empresario Manuel Baldizón, pero en Guatemala hay dos candidatas(os) a punto de ser asesinadas(os) y Jimmy Morales es cada día más que sospecho de complicidad en ambos delitos.

El golpe, como en anteriores notas lo hemos denunciado, tristemente está siendo develado en su parte siniestra y amarga.

Fuente: gazeta.gt


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