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Cuándo tocaremos fondo
Por Virgilio Alvarez Aragon - Guatemala, 15 de enero de 2021


El gobierno de Alejandro Giammattei está por cumplir su primer año de gestión y es notorio y evidente que, como gestión gubernamental, ha sido un fracaso, pero que, además, el crimen organizado se ha hecho trenzas con la élite empresarial y el grupo en el Gobierno.

Sin equipo ni mucho menos militancia capaces de dar forma y contenido a su propuesta de gobierno y hacerla posible al llegar al poder, Giammattei Falla y sus amigos se han dedicado a usufructuar el erario público y repartirlo cual pastel de cumpleaños entre quienes apoyan su despilfarro ineficiente.

En la hemeroteca se han quedado guardados, mas no olvidados, sus encendidos discursos prometiendo limpieza y transparencia en la gestión pública. La dispendiosa e ineficiente Secretaría de Asuntos Administrativos y Seguridad –SAAS– no solo no fue eliminada sino que gasta a manos llenas recursos indispensables para otras necesidades. Sus lágrimas de cocodrilo ante la desnutrición alarmante en miles de guatemaltecos se ha traducido en gastos irresponsables en los ministerios de Agricultura y Desarrollo, la mágica galleta fortificada es solo una evidencia más de los gastos millonarios sin sentido y sin orientación.

Desde su cómoda celda en la cárcel estadounidense, Mario Estrada cogobierna con mucho más poder y fuerza que el propio vicepresidente. Peones y alfiles del capo de la UCN coordeñan el presupuesto del Congreso junto a los propietarios efectivos de la franquicia electoral Vamos, imponiendo gobernadores y funcionarios a nivel local, con lo que además de atender clientelas, se cubren y protegen los oscuros negocios del jalapaneco y sus socios dentro y fuera del país. Esta vez ni siquiera ha sido necesario un pollo con loroco para sellar el pacto Giammattei-Estrada, que hasta ahora ha sido no solo lo más evidente sino lo único que ha funcionado en el Gobierno.

Porque si en el Ministerio de Educación se han eliminado los viceministerios Técnico y Bilingüe, haciendo evidente que lo único que importa a la actual administración es pagar sueldos y ver cómo día con día las escuelas se derrumban, pues los niños aprueban por decreto y los aprendizajes continúan siendo deficitarios e ineficientes, en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social se ve la pandemia como ver llover. Las pruebas son escasas y puntuales, sin rastreo serio y permanente de los contagios. Si Guatemala, en estos diez meses que lleva la pandemia, supuestamente tiene apenas 7919 contagios por millón de habitantes, menos de uno por cada cien habitantes, ocupando en ese ítem el puesto 110 a nivel mundial, esto se debe a que solo se han aplicado 4 pruebas por cada cien habitantes, en su mayoría en la ciudad capital.

Siendo honestos: si los datos fueran ciertos, en Guatemala no hay pandemia y su control, con un eficiente mecanismo de rastreo, podría reducir la incidencia rápidamente a un caso por millar. Pero resulta que también aquella promesa de poner 3500 rastreadores para ubicar los contagios fue una de las tantas promesas demagógicas del actual gobierno, esta vez expresada en el flamante director de la Coprecovid.

Nunca supimos algo de las contrataciones, mucho menos de una planificación de ese rastreo, y los municipios se abren y cierran a conveniencia de los grandes intereses económicos y no por que existan evidencias claras sobre la situación epidemiológica. Pero mientras en los países vecinos se ha comenzado a vacunar a los grupos de riesgo y se planifican seriamente las campañas de vacunación masiva, en Guatemala apenas si se empieza a discutir cómo financiar su compra, sin que, de nuevo, exista una planificación clara y pública que le permita a la población tener un mínimo de esperanza y ver por fin algún acto responsable de parte de las autoridades. Si las farmacéuticas internacionales quieren firmar acuerdos en los que se les exima de cualquier complicación que sus productos aún en fase experimental puedan producir en la población, las autoridades quieren imponer un ilegal secreto al valor de las vacunas, de manera que diputados y funcionarios puedan recoger su comisión por autorizar o hacer efectiva la compra.

Convencida de que tiene la sartén por el mango, la Junta Directiva del Congreso de la República, en representación de esa alianza corrupta Cacif-crimen organizado, insiste en incumplir las disposiciones de la Corte de Constitucionalidad, socavando las más profundas estructuras del Estado de derecho en un más que evidente golpe de Estado. Ellos son ahora el Estado, ellos deciden qué se cumple y qué no se cumple, lo que muy pronto se convertirá en quienes quieren que sean culpables y quienes inocentes, haciendo realidad la fantasía del Reino del Revés de María Elena Walsh, donde no solo «usan barbas los bebés», sino, y sobre todo, «un ladrón es vigilante, y otro es juez».

Mientras tanto, el gobierno UCN-Vamos, convertido en el cada vez más público y decidido aliado del Cacif, se presta para dar a conocer los números macroeconómicos, alardeando como éxito propio el incremento constante de las remesas. Sin embargo, y a pesar de ese supuesto bienestar de las finanzas privadas, resulta que sonrientes y felices informaron a los trabajadores que este año no habrá incremento al salario mínimo, insistiendo en la gastada e irresponsable propuesta de imponer mínimos salariales regionales, departamentales y hasta municipales. Los empresarios, que día a día engordan sus cuentas en dólares en el extranjero, evadiendo cada vez con más cinismo las imposiciones fiscales, exigen a los trabajadores apretarse aún más el cinturón, sabedores de que sus ganancias dependen de un gobierno cómplice y un permanente flujo de migrantes que, expulsados del país, huyen a donde, a pesar del racismo y la discriminación, su fuerza laboral es mejor remunerada.

Con una economía cada vez más parasitaria y consecuentemente más ineficiente, el futuro del país es cada día más sombrío, sin que el hambre, la miseria y la pobreza tengan visos de al menos mitigarse, pues el gobierno del Cacif-crimen organizado ha dispuesto cerrar todas las puertas al desarrollo, con tal de mantener sus ineficientes pero productivos negocios.

Nadie que se considere medianamente honesto y responsable puede continuar formando parte de este régimen de maniobras, mentiras y opacidad completa. Las salpicaduras de inmundicia no dejarán intacta ninguna biografía y la población, tarde o temprano, organizada o desorganizadamente, llegará a decir basta y, entonces, no habrá dios que les bendiga.

 

Fuente: gazeta.gt - 120121


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