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Urge ley de emisiones
Por Vida Amor de Paz - Guatemala, 31 de mayo de 2007

Respirar gases tóxicos de las emisiones de los vehículos en una ciudad como Guatemala es el equivalente de fumar siete cigarrillos diarios.

“Queda sin efecto ley de control de emisiones”, es uno de los titulares publicados en el mes de diciembre de 1998, cuando un acuerdo gubernativo dejó sin efecto la Ley para el Control de Emisiones Vehiculares.

El trabajo del ingeniero Juan Francisco Asturias, ex director de Conama, junto al del licenciado José Toledo, fue tirado por la borda. ¿La razón? Decían que las normas eran más estrictas que en EE.UU. Excusas sin sentido, puesto que los parámetros definidos eran iguales en Centro y Sudamérica.

Fue un ataque injustificado en un período pre-electoral. Los opositores decían que creaba conflicto con el Reglamento de Tránsito y que las medidas no eran congruentes con la realidad del país, cuando ya se habían establecido pruebas en Centroamérica midiendo cuatro mil vehículos en cinco capitales, las que más adelante sirvieron de laboratorio y ejemplo para los países europeos.

Lo insólito es que ya han pasado dos gobiernos desde entonces, y este proyecto, originado en Guatemala, se implementó en el resto de Centroamérica, pero nunca aquí. Hoy, nuestro parque vehicular asciende a un millón de automotores y así salimos perdiendo, porque la contaminación de gases, principalmente en hollín o humo negro, es muy superior a la de hace casi 10 años y estamos a niveles intolerables para el cuerpo humano.

Les recuerdo que el 10 de mayo de 1991 Guatemala se convirtió en el primer país del mundo en quitar de golpe el plomo de la gasolina, el que afecta todos los órganos del cuerpo, especialmente el cerebro y el sistema nervioso en los niños. Lograr esta disposición fue una odisea, pues se argumentaba que se arruinarían las válvulas de los motores.

Un gran mito, nos cuenta el licenciado José Toledo, a quien le debemos el que hoy tengamos gasolina sin plomo. También fuimos los segundos en Latinoamérica, antes que Europa, en introducir los catalizadores para filtrar las emisiones de gases de gasolina.

Pero hasta ahí llegamos, amigos, porque de no haber una supervisión de qué vehículos contienen catalizadores, sin un reglamento y sin una ley, de nada sirvió el esfuerzo. Me pregunto qué intereses particulares, en el 98, dejaron sin vigencia la ley. Respirar gases tóxicos de las emisiones de los vehículos en una ciudad como Guatemala es el equivalente de fumar siete cigarrillos diarios.

Esto sin contar el daño que le hacemos al Planeta y a nosotros mismos, al aumentar con ello los gases de efecto invernadero.

Ya ven que en Guatemala nos inventamos cualquier historia para oponernos. Creamos mitos y leyendas para sumergimos en el atraso con la cultura del “NO”. Hoy, más que nunca, por la amenaza del calentamiento global, ¡Urge la ley de control de emisiones vehiculares!

Fuente: www.prensalibre.com - 200507


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