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Cabildo Abierto
Los intervencionistas de ayer
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 15 de marzo de 2016

Hay importantes movimientos de renovación política, tanto en el Vaticano, como en EEUU.

“No creo que sea función del Gobierno de EE.UU. ir derrocando pequeños Gobiernos por todo el mundo”, sostuvo el miércoles pasado Berie Sanders, senador por el Estado de Vermont, y actual contendiente por la candidatura demócrata, para presidente de los Estados Unidos de América.

El senador dio sus declaraciones en un debate contra Hillary Clinton, el cual contó con moderación e intervenciones bilingües en español e inglés, organizado por Univisión y The Washington Post en Miami (Florida).

“EE.UU. hizo mal tratando de invadir Cuba. EE.UU. hizo mal tratando de derrocar el Gobierno (sandinista) de Nicaragua, e igual con Guatemala”, cuestionó el senador, quien también se refirió a la intervención estadounidense para derrocar al gobierno de Salvador Allende en Chile.

Un día después, el nuncio apostólico, Nicolás Thevenin, pidió al cuerpo diplomático de Guatemala que no injiera en la agenda nacional. "Ningún país puede permitirse cometer injerencias, porque lejos de facilitar el crecimiento del pueblo que se quiere ayudar, aumenta las tensiones o prioriza elementos que no son los más importantes en la situación actual del país", expresó el representante del Vaticano.

No cabe duda que los tiempos han cambiado, porque a los guatemaltecos nos resulta curioso que, en una misma semana, destacados representantes de dos potencias intervencionistas se refieran a la necesidad de que se respete la libre determinación de Guatemala.

Al oírlos, pareciera que son ficción las evidencias históricas de la intervención de la CIA para derrocar al gobierno constitucional de Jacobo Árbenz, a través de ataques aéreos y un pequeño ejército de mercenarios, bendecidos por el cardenal Rossel y Arellano, quien les asignó al Cristo Negro de Esquipulas como Comandante en Jefe. Como se sabe, el golpe de Estado triunfó porque el alto mando del ejército traicionó a su patria y permitió una invasión extranjera.

Sin embargo, tras estas declaraciones hay importantes movimientos de renovación política, tanto en el Vaticano, como en EEUU. El papa Francisco ha llevado una bocanada de aire fresco a los claustros eclesiales, demandando que curas, obispos y arzobispos retomen el legado de Cristo, centrando su amor al prójimo en desvalidos y marginados. Ha roto con el poder económico y trata denodadamente de salvar a una iglesia que cada día tiene menos sacerdotes, por haber abandonado su misión primigenia.

En EEUU los aires de renovación aún son débiles, pero se hacen sentir. Bernie Sanders, el primer candidato demócrata que se reputa socialista, ha levantado un debate nacional sobre la necesidad de recobrar el sentido profundo de la democracia, sosteniendo que ésta debe responder al interés público, impulsando compensadores económicos que permitan alcanzar mayor equidad social.

Sanders despotrica contra la codicia de las grandes corporaciones y los bancos, cuestiona los gastos militares y denuncia el racismo, propone reformar los sistemas de salud y de educación, y condena toda forma de intervención de EEUU contra países extranjeros.

Los jóvenes y los trabajadores desempleados lo siguen y lo apoyan, y van construyendo una fuerza creciente contra el sistema. Como mínimo, ya logró que el partido demócrata se comprometa a no deportar niños ni a desintegrar familias trabajadoras, cuyas remesas ya representan el 10% del PIB en Guatemala.

Es muy difícil que Sanders gane la nominación demócrata, pues se enfrenta a una maquinaria colosal, pero ha abierto un sano debate nacional, mientras en Guatemala, frente a la crisis, el presidente cuenta chistes malos y moralejas peores.


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