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Cabildo Abierto
Victoria de tres Pueblo ind ígenas
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 16 de agosto de 2016

En diciembre de 2015, cuando la ciudadanía estaba entretenida con las fiestas navideñas, el Estado de Guatemala le dio trámite a una licencia de exploración petrolera altamente dañina en El Petén, a la cual se opusieron legalmente los representantes de los Pueblos Q’eqchi, Mopán e Itzá; finalmente, el actual Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales –MARN- resolvió no aprobar el Estudio de Impacto Ambiental –EIA-, por lo que dicha licencia está en suspenso.

Los representantes de los tres Pueblos indígenas se opusieron al EIA, porque el área concesionada, que cubre parte de cinco municipios peteneros, afecta a una zona patrimonial con más de cien centros arqueológicos, decenas de sitios sagrados y el 46% se ubica dentro de tres Áreas Protegidas.

Para colmo, el Ministerio de Energía y Minas –MEM- otorgó la licencia y firmó el contrato 1-15 con la empresa Island Oil Exploration Services, S.A. violentando la ley, sin respetar el derecho de los tres Pueblos mayas a la consulta libre, informada y previa –CLIP-, no se pidió la opinión del Consejo Departamental de Desarrollo de El Petén, ni de los COMUDES de los cinco municipios afectados, ni se contó con el dictamen favorable del CONAP, ni el de la Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural.

Además, la citada concesión petrolera linda con la Reserva de la Biósfera Maya, al sur del Parque Tikal y de los bellos lagos de Petén Itzá y Yaxa, tres de los más importantes centros de atracción turística del país.

En síntesis, la licencia de exploración y explotación entraña un daño al ambiente, al patrimonio cultural y natural, al turismo, y a los derechos fundamentales de tres Pueblos mayas que, en un ejemplar acto de ciudadanía, se opusieron a un EIA que viola normas reglamentarias, ordinarias, constitucionales y tratados internacionales.

Paradójicamente, todas estas ilegalidades se realizaron cuando los representantes de 195 países del orbe suscribían, el pasado 12 de diciembre, el Acuerdo de París o COP-21, presentado como “la respuesta global a la amenaza climática”.

Se necesita tener cara dura y ser cínico, para mantener el doble discurso de los anteriores responsables del MEM y del MARN, que reclamaban en París a los países industrializados financiar la adaptación del Tercer Mundo a nuevas fuentes de energía, mientras en El Petén impulsaban una concesión petrolera dañina. Mayor oportunismo ambiental es imposible.

El irracional consumo de petróleo y gas ha generado el mayor trastorno climático del planeta, por causas no naturales. Decenas de ciudades pueden desaparecer bajo el mar por esa causa; la hambruna se recrudece por pérdida de cosechas y millones mueren por agua contaminada, mientras en el país de la eterna primavera se “impulsa el desarrollo”, promoviendo una industria petrolera que nos deja mucha contaminación y unas regalías miserables.

Lo más grave es la pérdida de nuestros ecosistemas y las ganancias limpias del turismo racional y comunitario. Las exportaciones petroleras, en 2010, sumaron U$ 228 millones; en contrapartida, los ingresos por turismo fueron de U$ 1,378 millones, o sea, mayores en un 600%. Además, casi todo el ingreso turístico se queda en el país, mientras los gananciales petroleros migran. ¿Qué nos conviene?

Basta ya de subastar a nuestra nación por unos dólares, apostándole a una inversión extranjera ilegal y dañina. Ya es hora que nos pongamos de pie y optemos por un modelo soberano de desarrollo, sin exclusiones, sin corruptelas y sin impunidad.


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