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Cabildo Abierto
De viejos y nuevos golpismos
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 12 de septiembre de 2016

El 11 de septiembre se conmemoraron 43 años del golpe de Estado militar en Chile, cuyo ejército y cuerpo de carabineros, con apoyo de Estados Unidos, traicionó al Presidente constitucional Salvador Allende, quien en un acto de heroísmo prefirió morir antes que rendirse a los golpistas, en defensa del mandato popular, y en salvaguarda de 50 años de gobiernos civiles electos.

Las consecuencias políticas, económicas, sociales y culturales del golpe castrense fueron terribles, y se necesitaron tres décadas para superar sus efectos negativos, con un costo irreparable de miles de muertos y torturados.

La conocida participación estadounidense se fue confirmando progresivamente, por los testimonios del propio embajador de EEUU en Chile y de oficiales de la CIA, que decidieron denunciar el intervencionismo de su gobierno.

En 2004 fue desclasificada una conversación telefónica del defenestrado presidente Richard Nixon y su Secretario de Estado, Henry Kissinger, sostenida el 15 de septiembre de 1973, en la que el primero sostiene: Nuestra mano se mantiene oculta en esto. Y Kissinger replica: No lo hicimos nosotros… Quiero decir, les ayudamos. [Censurado] creó las máximas condiciones posibles…En la era de Eisenhower, seríamos considerados héroes. Mayor evidencia intervencionista, imposible.

Tales prácticas intervencionistas, en alianza con los militares traidores y las oligarquías dictatoriales no eran nuevas. Estas fuerzas destruyeron, previamente, democracias legítimas en Irán, en 1953; en Guatemala en 1954; y en el Congo Belga, en 1961. Después vino una larga cauda golpista a lo largo y ancho de Latinoamérica.

Recordamos estos crímenes contra la democracia, porque el pasado 31 de agosto el Senado brasileño fraguó un golpe de Estado de nuevo tipo, utilizando un fraude de ley para defenestrar a Dilma Russef. ¿"Impeachment" sin crimen de responsabilidad qué es? Es golpe", sostuvo la Presidenta.

¿De qué democracia hablamos, cuando el voto de 61 senadores –casi todos investigados por corrupción- fue suficiente para destituir a una Presidenta electa por 54 millones de votos, por el presunto delito de maquillar cifras presupuestarias?

Con el golpe de Estado brasileño se fortalece la restauración conservadora de la derecha latinoamericana, como la denomina Emir Sader. Su siguiente objetivo es derrocar al presidente Maduro, mediante un proceso de revocatoria del mandato.

Estos mal llamados golpes blandos ya habían tenido éxito en Honduras, en 2009, donde militares detienen al presidente Manuel Zelaya y lo expulsan a Costa Rica, a través de la base militar de Palmerola, donde operaba la Fuerza Bravo de EEUU, con más de 800 oficiales y soldados norteamericanos, tal como lo confirmó el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley.

De manera similar operaron en 2012 en Paraguay, donde el Senado realizó un juicio “express” al Presidente Fernando Lugo destituyéndolo del cargo, quien afirmó: “Aquí no han destituido a Lugo, han destituido la democracia”.

Como señala Atilio Borón, “las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. Para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el Partido del Trabajo no hizo”.

En esta lucha por la auténtica democracia, cabe recordar la frase que Allende profirió antes de morir: ¡Allende no se rinde, milicos de mierda! 


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