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Cabildo Abierto
Fidel siguió su marcha
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 28 de noviembre de 2016

“Si salgo, llego; si llego, entro; y si entro, triunfo”, sentenció Fidel Castro, en Tuxpan, Veracruz, cuando con 82 revolucionarios zarparon de México, en el Granma, para librar una revolución en Cuba, el 25 de noviembre de 1956. Sesenta años después, el Comandante en Jefe de una revolución viva, decidió seguir su marcha en otro plano astral, habiendo encabezado la lucha revolucionaria de América Latina, durante más de medio siglo.

Visión, perseverancia y voluntad, son tres de los principales rasgos que caracterizaron a Fidel Castro Ruz en su gesta revolucionaria. Muchos guerrilleros latinoamericanos, con una visión limitada, solamente quisieron imitar la voluntad inquebrantable de Fidel, ignorando que cuando pronunció la histórica frase en Tuxpan, ya había desarrollado una lucha social con los obreros cubanos, en su calidad de abogado; había intentado la vía electoral, postulándose como candidato independiente a la Cámara de Representantes del Congreso cubano, pero el golpe de Estado de Batista impidió las elecciones; luego organizó el Movimiento 26 de Julio, asaltaron el Cuartel Moncada y, cuando fue juzgado, en su histórico alegato jurídico-político conocido como La historia de absolverá, esbozó el programa de la revolución cubana.

Al zarpar de Tuxpan, además de la voluntad, Fidel contaba con un programa político y una base social que, aunque incipiente, habría de multiplicarse en apoyo a los barbudos de la sierra, impulsando una huelga general y una fuerte resistencia urbana.

En la Sierra Maestra, en enero de 1957, en la finca de Mongo Pérez, se abrazaron los dos hermanos guerrilleros: “¿Cuántos fusiles traes?”, preguntó Fidel. “Cinco”, respondió Raúl. “Y dos que tengo yo, siete... ¡Ahora sí ganamos la guerra!”, aseguró Fidel. Muchos pensaron que el Comandante se había vuelto loco, pero dos años después, tras 24 meses y 13 días de lucha, habían vencido una fuerza de 80 mil hombres, a partir de aquellos siete fusiles y un pueblo alzado.

Igualmente, se magnificó la gesta militar de la Sierra Maestra, opacando la fuerza social que le dio sustento. Por ello, en el histórico discurso de Fidel del 8 de enero de 1959, en la Habana, advirtió: “Más que el pueblo no puede ningún general, más que el pueblo no puede ningún ejército. […]  El pueblo, ganó la guerra.  Esta guerra no la ganó nadie más que el pueblo, y lo digo por si alguien cree que la ganó él, o por si alguna tropa cree que la ganó ella. Y por lo tanto, antes que nada está el pueblo”.

A partir de aquél memorable triunfo, advirtiendo a los cubanos que se iniciaba la parte más dura de la revolución, Fidel encabezó la lucha por ganar la mente y la conciencia de su pueblo, a través de la educación. Martiano hasta el tuétano de sus huesos, promovió una exitosa campaña que erradicó el analfabetismo en Cuba, en pocos años. Así, la adhesión de los cubanos a la revolución fue por conciencia, y es por ello que critican a voz en cuello todo lo que no les parece. Por eso, la revolución ha perdurado, a pesar del bloqueo, sus errores y sus excesos.

La visión más preclara de Fidel fue entender que el principal enemigo de la revolución cubana era el imperialismo, por lo que lo combatió siempre, impulsando el internacionalismo. Apoyó esfuerzos revolucionarios en América y África, y distribuyó médicos y maestros por doquier, perseverando siempre, sin tregua ni descanso.

Fidel nos dejó ejemplo, ruta e historia. Partió caminando sobre la espuma del mar y, antes de desaparecer, se despidió con un ¡Hasta la victoria siempre!


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