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Cabildo Abierto
El nacional populismo
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 30 de enero de 2017

Los corifeos del neoliberalismo amanecieron horrorizados el pasado 21 de enero, cuando descubrieron que su idea de progreso para las élites era un castillo de arena, cuyo desmoronamiento se ha acelerado por las acciones de Trump, quien encabeza una estrategia de signo contrario, pero igualmente peligrosa para la humanidad: el nacional populismo.

El neoliberalismo desquició al sistema capitalista tradicional, y convenció a las capas medias y altas de occidente que era lícito y sostenible un modelo económico articulado sobre cinco pilares básicos: la hiper concentración de la riqueza y los medios de producción; el establecimiento de la dictadura del mercado internacional sobre la democracia, los Estados y las instituciones; el control de los medios de comunicación y el establecimiento de los imaginarios colectivos; la sobre explotación de los trabajadores y los recursos naturales; y el desarrollo de armamentos sofisticados para multiplicar guerras de dominación.

Los resultados del modelo neoliberal han sido brutales: la exclusión del 90% de la humanidad del desarrollo, los servicios básicos y el empleo; la crisis de las instituciones, de la política y de la gobernabilidad democrática; la enajenación de los jóvenes instruidos por medio de la televisión y los dispositivos de comunicación; el cambio climático y las guerras, con su cauda de violencia, hambre y migración.

Nunca hubo tal capacidad de producir tanta riqueza, concentrada en el 1% de la población, generando una humanidad empobrecida; jamás se había podido producir tanta comida y tanta gente hambrienta; en ningún tiempo anterior, los banqueros gobernaron el mundo; jamás hubo tal capacidad de controlar las ideas, las creencias y las aspiraciones de la gente; nunca la política y la democracia estuvieron tan sometida al mercado; por primera vez en la historia el hombre ha puesto en riesgo a la naturaleza; ninguna vez se libraron tantas guerras y se generaron tatos éxodos.

Todo lo anterior ha provocado un efecto de signo contrario, en los ámbitos social, político y ambiental, que hará volar en pedazos lo que hoy conocemos como civilización.

Ante el descontento creciente de sociedades marginadas y sin futuro, han sido partidos de la derecha extrema los que han catalizado la protesta ciudadana, promoviendo una estrategia política burda, que le denomino el nacional populismo, pues antepone el interés local o nacional al internacional, y enfrenta a las mayorías excluidas contra las élites, tanto en Asia, como en Europa y en Estados Unidos.

La salida de Bran Bretaña de la Unión Europea, el triunfo de Trump en EEUU y el cuestionamiento del papel de la ONU en los conflictos bélicos y ambientales son las expresiones más destacadas, pero no las únicas. El pasado 21 de enero, los líderes de la ultra derecha europea se reunieron en Coblenza, Alemania, para ratificar sus postulados.

Ya no son un grupito de locos, pues las encuestas sitúan a Marine Le Pen como una de las vencedoras de la primera vuelta de las presidenciales francesas, de abril próximo; la AfD, copresidida por Frauke Petry, podría situarse como tercera fuerza política en las elecciones de septiembre en Alemania; y el Partido de la Libertad acaba de disputar la presidencia de Austria.

El neoliberalismo engendró su némesis, el social populismo, que nos hará sufrir lo peor de ambas opciones, por dejar que otros decidan sobre nuestro futuro. ¿Acaso Baldizón no es la versión tropical de Trump? Es hora de construir una opción política democrática, pues votar por Nito, por fregar la pita, no fue una opción inteligente.

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