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Cabildo Abierto
El teatro de guerra en Siria
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 11 de abril de 2017

El jueves pasado, EEU conmemoró en Kansas que hace 100 años, el 6 de abril de 1917, tras un discurso del entonces presidente Woodrow Wilson ante el Congreso, este órgano aprobó la entrada a la Primera Guerra Mundial, en la que perdieron la vida más de 10 millones de seres humanos y 20 millones fueron heridos o mutilados. Al día siguiente, el 7 de abril, EEUU lazó 59 misiles contra Siria, un país soberano, sin autorización legislativa, en una acción al margen de la ONU, que podría ser el preludio de la Tercera Guerra Mundial, o un viraje estratégico.

Haciendo eco a la OTAN, las empresas mediáticas presentaron la agresión como una justa retaliación de EEUU contra el gobierno sirio, acusado de atacar con armas químicas en un sector de la ciudad de Khan Sheikhoun, provocando 80 muertos, pero nadie presentó evidencia alguna.

El Ejército Árabe Sirio aclaró que atacó un reducto rebelde, donde había armas químicas y una fábrica de armas, lo que provocó los decesos, pero su versión casi no tuvo difusión. Por ello, el gobierno del presidente Bachar al-Assad ha demandado que se efectúe una investigación internacional independiente, y se deduzcan responsabilidades.

El embajador de Suecia ante la ONU, Olof Skoog, dijo el viernes que el ataque de Estados Unidos contra una base aérea en Siria "plantea cuestionamientos de compatibilidad con la ley internacional", reiterando en la reunión emergente del Consejo de Seguridad, que es importante que cualquier acción tenga fundamento en la legislación internacional. Casi simultáneamente, el Parlamento egipcio repudió el ataque misilístico de EE.UU a Siria, calificándolo de “peligroso y ‘precipitado”.

Por su parte, Rusia exhortó a Estados Unidos a "desistir inmediatamente de su agresión", se sume a los esfuerzos por la paz en Siria y "colabore en la lucha contra la amenaza terrorista". El vice embajador ruso ante la ONU, Vladimir Safronkov, criticó enérgicamente la "flagrante violación del derecho internacional y el acto de agresión" de Estados Unidos, cuyas "consecuencias para la seguridad regional e internacional podrían ser extremadamente graves", por lo que es previsible que la confrontación suba de nivel.

En este caso, como en muchos otros, el aparato mediático-empresarial tiene como misión convencer a la opinión pública mundial que las fuerzas atlantistas “buenas”, combaten a un gobierno “malo”, que no se ha plegado a occidente. Por la gravedad de la situación, bien vale la pena investigar, enterarse y actuar conscientemente. Les comparto mi análisis al respecto.

En el título de esta columna, uso del concepto “teatro de guerra”, en su doble acepción: para denominar al área geográfica específica en la cual se desarrolla la guerra, y como a una escenificación política y mediática, que esconde lo que realmente sucede en el campo de batalla. Me explico.

A principios de 2011, dio inicio la confrontación del gobierno del presidente sirio, Bachar al-Assad, contra grupos armados rebeldes de diversa índole, conocidos en Occidente como la “oposición siria”. Más adelante, numerosos grupos y combatientes de los “rebeldes” se unieron a los yihadistas del Estado Islámico de Irak y el Levante, abreviado como EI, (en árabe Daesh) lo que le permitió a este último expandirse e invadir vastas extensiones de Siria desde las zonas que ya ocupaba en Irak, lo cual se ha revertido en los últimos dos años. Algunos grupos rebeldes yihadistas combaten tanto contra el gobierno como contra el EI Islámico, desatándose diversas confrontaciones entre las facciones rebeldes.

Según el Consejo de Seguridad de la ONU, se establece un escenario de guerra mundial cuando cinco o más países se enfrentan militarmente y, en esta guerra, se confrontan EEUU, Francia, Gran Bretaña, Turquía, Arabia Saudita, Jordania, Irak, Qatar y Egipto, contra Siria, Rusia e Irán, cobrándose la vida de más de 400 mil personas, el conflicto ha desencadenado una crisis humanitaria con consecuencias nefastas en todos los países de la región y en Europa.

De los 22 millones de habitantes que había en Siria antes del conflicto, más de la mitad han tenido que huir de sus hogares, sufriendo privaciones sin cuenta. Además, casi cinco millones de personas han tenido que huir a países vecinos; tres cuartas partes de los refugiados son mujeres y niños.

En este infierno bélico, el Daesh se ha destacado por su crueldad sin límites, convirtiéndose en una amenaza terrorista mundial, que hoy es combatido por una alianza heterogénea de 68 países que, curiosamente, no han podido o no han querido derrotar a un ejército compuesto por mercenarios de todas las latitudes.

Cientos de documentos, testimonios, reportajes y evidencias han demostrado que el EI fue formado, armado y financiado por EEUU, en alianza con Inglaterra, Francia y Alemania. En una entrevista concedida al medio digital The Atlantic, en diciembre de 2014, Hillary Clinton admitió que esta milicia fue creada por la Casa Blanca, pero que se le escapó de las manos. "Hemos fracasado en crear una guerrilla anti-Assad creíble... El fracaso de este proyecto ha llevado al horror al que estamos asistiendo hoy en Iraq".

Sin obviar las violaciones a los DDHH del régimen sirio, no se puede caer en el simplismo de señalarlo como el “malo”, pues su adversario es peor.

Bachar al-Assad fue reelecto en 2104, y solicitó el apoyo militar de Rusia, país que no podía desentenderse de un conflicto que amenaza su seguridad y su área de influencia geopolítica. En los dos últimos años, con el apoyo ruso, Assad ha recuperado el control de casi todo el territorio sirio, y ha logrado acuerdos políticos con la mayoría de grupos opositores, que no están plegados al Daesh, cuyos principales dirigentes han muerto o han huido. Por ello, la mayoría de expertos militares consideran que Assad saldrá triunfador de esa sangrienta contienda, que los dirigentes de la OTAN se niegan a dar por perdida.

Cabe recordar que, en 2014, el Gobierno sirio entregó todo su arsenal químico a los organismos internacionales, para frenar las acusaciones de la oposición sobre el uso de armas químicas. En enero de 2016, la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), conformada por 192 países, confirmó la destrucción total del arsenal químico de Siria.

En contrapartida, el 7 de septiembre de 2015, el Servicio Federal de Inteligencia alemán anunció haber hallado pruebas que demuestran que Daesh utilizó armas químicas, en concreto gas mostaza, contra los soldados iraquíes desplegados en el norte del país. “Ellos (los elementos de Daesh) fabrican y utilizan gas mostaza (…) Sabemos que lo están utilizando”, aseguró una fuente del Gobierno de EEUU en declaraciones concedidas ese mes a la cadena británica de noticias BBC.

En ese contexto, qué sentido tendría que el ejército sirio usara armas químicas en un conflicto que prácticamente ya ganó, convirtiendo una victoria en derrota, por la condena internacional. Por ello, el senador republicano por Virginia, Richard Hayden Black, explicó que el presidente de Siria no tenía ningún motivo para atacar con sustancias químicas a su pueblo,  ya que está a punto de derrocar a los terroristas en todo el país. “Creo que no hay absolutamente ninguna posibilidad de que ellos lo hayan hecho, porque no tienen nada que ganar, y mucho qué perder”, declaró a Sputnik.

Sin embargo, lo más interesante de este “teatro de guerra” es el golpe de timón que el gobierno de Trump ha dado en relación con la guerra en Siria, y no ha sido correctamente interpretado, sobre lo cual nos ilustran expertos como Thierry Meyssan.

A principios de abril, la embajadora de Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Nikki Haley, anunció que el derrocamiento del presidente Assad ha dejado de ser “la prioridad” de Washington, agregando con toda claridad que sólo el Pueblo sirio puede escoger a su presidente, palabras que de inmediato confirmó el secretario de Estado, Rex Tillerson, dejando estupefactos a los aliados atlantistas, cuyas protestas fueron profusas.

En ese complicado escenario, parece que los nuevos líderes militares de EEUU idearon una acción militar diversionista, para calmar a la OTAN. Los misiles estadounidenses lanzados en la madrugada del 7 de abril, no tuvieron problema para evadir las defensas antiaéreas sirias y rusas, consideradas las mejores del mundo, impactando en la base militar de siria que acababa de ser evacuada y se hallaba prácticamente vacía. Destruyeron la pista aérea, varios radares y pocos aviones fuera de servicio, así como algunos hangares, cobrándose nueve vidas, las usuales “víctimas colaterales”.

Según los expertos, hay evidencias que sirios y rusos sabían de antemano del ataque de misiles, desactivaron sus defensas antiaéreas, desocuparon la base militar y siguieron la actuación de un libreto escrito por Trump y Putin, cuyo final es de pronóstico reservado.

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